
La primera vez que Ana Torroja compuso una canción —o, más bien, parte de ella— tenía 25 años y cargaba con las dudas propias de quien recién empieza. Nacho Cano, su compañero en Mecano, le pidió que escribiera el estribillo de un tema que ya tenía avanzado, y ella aceptó. Durante una semana, el vértigo se instaló en su rutina. Eran apenas unas líneas, pero la idea de estar a la altura de esa oportunidad la desvelaba. “Me despertaba por las noches, escribía y, al día siguiente, lo que leía no me gustaba y volvía a darle vueltas”, recuerda sobre ese proceso tan intenso del que nació “Mosquito”, el único tema que firmó en su etapa con el trío. Cuatro décadas después, Torroja se permitió una nueva primera vez: pero ahora sus inseguridades —ya no las de una debutante, sino las de una artista experimentada— terminaron dándole, sin proponérselo, las herramientas para cumplir un sueño que, de tanto poner en pausa, había olvidado: publicar un álbum solo con canciones escritas por ella.
La primera vez que Ana Torroja compuso una canción —o, más bien, parte de ella— tenía 25 años y cargaba con las dudas propias de quien recién empieza. Nacho Cano, su compañero en Mecano, le pidió que escribiera el estribillo de un tema que ya tenía avanzado, y ella aceptó. Durante una semana, el vértigo se instaló en su rutina. Eran apenas unas líneas, pero la idea de estar a la altura de esa oportunidad la desvelaba. “Me despertaba por las noches, escribía y, al día siguiente, lo que leía no me gustaba y volvía a darle vueltas”, recuerda sobre ese proceso tan intenso del que nació “Mosquito”, el único tema que firmó en su etapa con el trío. Cuatro décadas después, Torroja se permitió una nueva primera vez: pero ahora sus inseguridades —ya no las de una debutante, sino las de una artista experimentada— terminaron dándole, sin proponérselo, las herramientas para cumplir un sueño que, de tanto poner en pausa, había olvidado: publicar un álbum solo con canciones escritas por ella.
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“Se ha acabado el show” es el nombre de ese disco que nació cuando Ana empezó a evaluar la posibilidad de una despedida. “La falta de interés que yo sentía cuando arranqué el proyecto me hizo estar en una posición de absoluto desconocimiento, no sabía a dónde quería ir o si iba a lograr terminarlo”, nos cuenta la artista sobre ese momento, a finales de 2024, en el que se preguntaba si aún le quedaba algo por decir. No es casual, entonces, que el álbum abra con la canción que le da título, planteada como un diálogo entre las dos Anas que la habitan: la artista y la “de a pie”, como ella misma la llama. “Me pasa que muchas veces una le reclama espacio a la otra y en este caso, la Ana persona, vamos a decirle así, llevaba mucho tiempo reclamando más espacio del habitual, y eso fue lo que me hizo pensar que había llegado el momento de decir adiós”, explica Torroja, quien también aborda esas dudas en “Cuánto me falta”, otro de los temas más reveladores del álbum.

El plan inicial era escribir un par de canciones, pero abordar estas dudas sobre su futuro en sesiones de composición resultó tan catártico que el proyecto terminó convirtiéndose en un álbum completo. El resultado es un disco que se ubica entre los más sólidos de su etapa en solitario. “A veces hay que cerrar capítulos para abrir otros y, desde el total desconocimiento de lo que iba a ocurrir, con cero expectativas, me encontré al cabo de un año con este disco enteramente compuesto por mí”, añade Ana.
El oficio de escribir(se)
Su forma de enfrentarse a la hoja en blanco para este disco dista por completo de aquella primera vez en Mecano, cuando tuvo que inventar una motivación para aterrizar una historia ajena. También marca una diferencia frente a su método en “Puntos cardinales”, su debut en solitario en 1997, cuando la timidez se imponía sobre ese necesario desparpajo que exige la composición.
“Con ese disco empiezo a hablar más de mí, pero me sentía muy vulnerable porque nunca lo había hecho. Había estado once años en Mecano convirtiéndome en personajes. Aunque conectara con las canciones de Nacho y de José, estas no se referían a mí. Pero he ido de menos a más. Hoy me siento más cómoda escribiendo las letras, aunque luego en la melodía siempre me ayudan”, sintetiza Torroja, abierta a reconocer tanto sus fortalezas como las inseguridades que aún aparecen en el proceso creativo.

“Era como ir a terapia, un lugar donde te sientas a hablar sin la sensación de que te van a juzgar por contar lo que sea que te ocurra y eso sentí al ponerme frente al papel a escribir o a la hora de sentarme a las sesiones de composición con los distintos autores, me sentí muy cómoda para hablar de muchas cosas que necesitaban salir, de alguna forma es un disco catártico, me sentí más cómoda que nunca. No sé si sea la edad”, añade sobre un proceso que, además, estuvo acompañado por una generación diversa de músicos.
Encuentros musicales
Para este disco, Ana Torroja contó con el productor venezolano Andrés Levin, con quien trabaja desde hace más de una década, como principal colaborador. Pero también se rodeó de autores jóvenes que la ayudaron a dar forma y musicalidad a sus letras. En las sesiones de composición participaron artistas como las españolas Samuraï y Alba Morena, una nueva generación de la que Torroja solo tiene palabras halagüeñas.
“Lo que más me ha gustado (de trabajar con esta nueva generación) es lo cómoda que me he sentido. Con Samuraï me pasó que estábamos en un Zoom para conocernos y yo la oía hablar y me sorprendía de su madurez, cuando se lo dije ella me contó que sus amigos le llamaban la abuela. Y es que es alucinante la madurez que tiene. Y eso me ha pasado con varios de los que he trabajado, que me sentía muy cómoda. Y luego aparte del talento enorme que tienen, tienen seguridad”, cuenta Torroja, quien reconoce que las dudas aún forman parte de su proceso creativo, como ya ocurría cuando escribió el estribillo de “Mosquito” en su etapa con Mecano.
Algo similar sucedió durante una sesión de “La rosa del desierto”: mientras buscaban una palabra que encajara con la melodía, Torroja propuso una idea que convenció a su colaboradora, pero que a ella le generó una duda inmediata. “Yo realmente me sentía insegura, porque ella es muy decidida. Pero eso es lo que me gusta de esta generación, parece que no hay barreras para ellos, no hay límites”, afirma la artista, que ya había explorado ese cruce generacional en su anterior álbum, “Mil razones” (2021), donde trabajó con nombres como El Guincho, Alizzz y Rosalía.
En “Se ha acabado el show” también hay dos featurings, como se le llama ahora a este recurso cada vez más frecuente —y muchas veces forzado— de los dúos. Aquí, sin embargo, funcionan con naturalidad: un tema junto a la mexicana Ximena Sariñana y otro con el colombiano Esteman, con quien inicialmente solo iba a escribir una canción, pero con quien terminó haciendo tal conexión que decidieron mantenerla como dueto. El resultado es la encantadora “Problemas de conversación”, una pieza de gran factura que bien podría sumarse a la lista de colaboraciones memorables de Torroja.
A lo largo de su carrera, la artista ha firmado otros encuentros destacados, como “Duele el amor” junto a Aleks Syntek y, por supuesto, la etapa de “Girados” con Miguel Bosé, de la que surgieron algunos de sus temas más populares tras Mecano, como la balada pop “Corazones”. De esa época guarda especial cariño: “Mi relación con Miguel es estupenda, nunca ha dejado de serlo. Yo estoy muy feliz de que esté de vuelta en los escenarios y el público más. En alguna ocasión se ha dicho así por lo bajo (para volver a girar), pero no hay nada concreto y no sé si lo habrá, pero sería increíble si volviera a ocurrir, porque fue una gira en la que nos lo pasamos muy bien y lo disfrutamos mucho, la verdad”, recuerda.

Sin fecha de caducidad
Mientras tanto, Ana Torroja celebra esta nueva etapa con un disco que le ha quedado redondo o, como ella misma dice, “como los de antes”. “Me gustan los discos en los que no falta ni sobra nada, que están pensados hasta el último detalle”, explica sobre un álbum que ya cuenta con cinco sencillos y que formará parte del setlist de la gira que arrancó hace unos días en México y continuará en junio con fechas en Colombia, Chile y Perú, dejando la idea del retiro cada vez más lejos.
“En esta profesión no hay edad de jubilación, uno decide cuándo se quiere ir, pero es cierto que, cuando realmente te lo planteas, dices: ‘No pues, venga, hago este disco, gira de despedida, y ya me voy’. Y yo en algún momento me puse una fecha. Cuando arrancamos en Mecano, me dije: ‘A los 50 me retiro, porque todavía seré joven, ya mi economía estará estabilizada y tendré tiempo y energía para hacer otras cosas’. Pues qué ingenua fui. Estoy cerca de cumplir los 70 años y todavía estoy aquí. Y me siento con la energía para seguir”, dice Torroja.

Quienes más celebran esa decisión son sus fans, a quienes la artista ve como hijos. “Esta profesión es adictiva, es difícil encontrar el momento de decir adiós. No solo por uno mismo, sino también por la gente que conecta con las canciones. Entonces, me da una tristeza, una pena horrible, pensar en dejar solos a los que nos siguen, me siento como una mamá. Creo que, aunque tenga esa sensación en distintos momentos, va a ser muy difícil decir adiós y me van a tener que echar del escenario”, afirma. Que así sea.//
La primera vez que Ana Torroja llegó al Perú fue en la década del 80 con el grupo Mecano, con quienes realizó presentaciones televisadas. Estuvo en el programa que Tulio Loza conducía en Frecuencia Latina y también en la cuarta edición de la Teletón, en diciembre de 1984, donde la banda cerró uno de sus años más agitados hasta esa fecha. Así lo dijo la artista en una entrevista con “El Comercio” que rescatamos de nuestro archivo histórico. “Ha sido una de las temporadas más agitadas que hemos tenido”, declaró tras cantar temas como “Bombay”, “Busca algo barato” y “Me colé en una fiesta”.
En 2003 regresó por primera vez en solitario con la gira del disco "Frágil" para presentarse en la explanada del Museo de la Nación en Perú. Su última vez en la ciudad fue en el 2022, cuando cantó en la Huaca Pucllana. De Lima, Ana dice no olvidar su cielo gris, “como encapotado”. “Tampoco me olvido de su mar precioso, su comida espectacular y su gente mucho más bonita todavía. Perú tiene mucho que ofrecer”, nos dijo la artista, quien tiene como pendiente hacer un viaje sin su agenda artística. “Una de las cosas que me encantaría hacer cuando tenga más tiempo es visitar los distintos países a los que voy a tocar, porque nunca me da tiempo de ir a otros lugares que no sean los del concierto. Me encanta Lima, siempre tengo un recuerdo maravilloso de la ciudad y de su gente, de cómo te reciben, de esa especie de timidez al inicio, pero luego ya cuando te van conociendo se sueltan, eso me encanta. Así que tengo muchas ganas de ir para allá”, dice Torroja.
El concierto de Ana Torroja en el Perú será el miércoles 3 de junio en el Auditorio del Colegio San Agustín, en San Isidro. Las entradas están disponibles en la plataforma Passline. Accede a un 15% de descuento en la compra de tu entrada siendo parte de El Club de Suscriptores de “El Comercio” a través de nuestra página web oficial.
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"SE HA ACABADO EL SHOW"
Disquera: Altafonte
Productor: Andrés Levin
Duración: 33:45
Publicación: 20 de marzo del 2026
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