Por Melvyn Arce Ruiz

La primera vez que Ana Torroja compuso una canción —o, más bien, parte de ella— tenía 25 años y cargaba con las dudas propias de quien recién empieza. Nacho Cano, su compañero en Mecano, le pidió que escribiera el estribillo de un tema que ya tenía avanzado, y ella aceptó. Durante una semana, el vértigo se instaló en su rutina. Eran apenas unas líneas, pero la idea de estar a la altura de esa oportunidad la desvelaba. “Me despertaba por las noches, escribía y, al día siguiente, lo que leía no me gustaba y volvía a darle vueltas”, recuerda sobre ese proceso tan intenso del que nació “Mosquito”, el único tema que firmó en su etapa con el trío. Cuatro décadas después, Torroja se permitió una nueva primera vez: pero ahora sus inseguridades —ya no las de una debutante, sino las de una artista experimentada— terminaron dándole, sin proponérselo, las herramientas para cumplir un sueño que, de tanto poner en pausa, había olvidado: publicar un álbum solo con canciones escritas por ella.

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