Durante el caluroso verano de 1953, un joven que se había desempeñado como camionero entra a las oficinas de Memphis Recording Service y paga cuatro dólares para grabar un disco de dos canciones como regalo de cumpleaños para su madre de la cual era muy apegado. La secretaria, al oír su voz, apuntó en sus notas: “Buen cantante de baladas. Conservar”. El resto es historia: Elvis Presley se convirtió en un ícono mundial. Por un lado, su contagioso rock and roll; por el otro, su innegable pinta, sus censurados movimientos de cadera en la temprana televisión y, con el tiempo, la imagen de hermoso maldito que, pese a la fama, tenía una vida personal infeliz.
Las generaciones anteriores en Estados Unidos habían vivido la Gran Depresión y habían soportado la Segunda Guerra Mundial, pero para la década de los cincuenta la vida económica había mejorado y muchos padres tenían un excedente que podían convertir en propina para sus hijos, y ellos podían comprar el merchandising que se ofrecía a partir de esta nueva figura que se constituía en el ídolo. Los medios hicieron su parte; la radio, la televisión y varias películas, malas pero exitosas, hicieron de Elvis, ‘El Rey’.
Saltemos en el tiempo y lleguemos a nuestro territorio: BTS –siglas de Bangtan Sonyeondan, que traducido del coreano significa “chicos a prueba de balas”– llega por primera vez al Perú luego de una carrera meteórica que comenzó en el 2013 y que, desde entonces, ha pulverizado récords de popularidad. La gira era trascendente, pues los ídolos habían interrumpido sus presentaciones porque habían hecho una pausa para hacer el servicio militar en Corea del Sur. Cosa curiosa: Elvis, en su apogeo, también tuvo que interrumpir su carrera para hacer servicio militar, pocos años después de que Estados Unidos se retirara de la guerra en Corea.
Así como Elvis tenía un ejército de fans que eran incomprendidas por los adultos de la época, BTS tiene, literalmente, un ejército de fans: las ARMY, un organizadísimo grupo de seguidoras que se encargaron de proteger al grupo mientras estuvo en Lima. Por ejemplo, pidieron que no se recibiera al grupo en el aeropuerto o que no se les molestara en las afueras del hotel para evitarles estrés o dejarlos dormir con tranquilidad. A su vez, las ARMY organizaron un espectáculo de drones y convirtieron la ciudad en un conjunto de mensajes alusivos a la visita de los artistas coreanos.
A diferencia de Elvis, BTS tiene la posibilidad del uso de Internet que les permite tener un contacto frecuente con sus fans, mostrando aspectos personales y revelando sus propias vulnerabilidades.
Así como Elvis cantaba canciones dirigidas a la identificación de sus fans, los chicos de BTS exploran en sus letras la autoestima y el “nunca rendirse”. Basaron algunas composiciones en la perspectiva psicológica de Carl Jung y compartieron con las ARMY la idea de vivir en paz con las propias sombras emocionales. Como si fuera poco, se inspiraron en la novela “Demian”, de Hermann Hesse, para una serie de videos, haciéndonos recordar que el proceso de crecer implica aceptar la ambigüedad que parece estar prohibida en un mundo que pide cosas absolutas. Más aún, incentivaron con la propia imagen de los cantantes la idea de una masculinidad vulnerable, empática y cercana.
Los conciertos pasan a ser espacios que reemplazan los rituales antiguos, pues mantienen la idea de colectividad con efervescencia emocional, unida por símbolos donde se proyectan valores sociales. Elvis casi nunca salió a cantar fuera de Estados Unidos y los BTS hacen giras mundiales.
Durante una famosa presentación, las personas se aglomeraban para ver a Elvis, aun cuando el espectáculo había terminado; entonces el locutor cogió el micrófono y anunció: “Elvis ha dejado el edificio”. La frase se repitió muchas veces en las siguientes décadas cuando la multitud quería quedarse para ver al ídolo y se convirtió en una frase que pasó a significar que el espectáculo había acabado. Viendo el fervor ritual y la alegría que trajo BTS, viendo cómo cada generación crea su felicidad a partir de recrear su propia aventura y sintiendo en todo esto una vibra positiva, me alegro en pensar que Elvis nunca dejó el edificio que sigue vibrando con nuevos artistas.
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