Seguimos siendo un país joven. La edad promedio de los peruanos es de 34 años, pero estamos envejeciendo rápidamente. Vivimos más años y tenemos menos hijos. Estas tendencias nos obligan a repensar, desde la perspectiva individual, nuestros planes de carrera, y, como empresas y país, la contribución de los adultos mayores a nuestra economía y sociedad. En su serie de libros “The 100-Year Life”, los profesores de London Business School Lynda Gratton y Andrew J. Scott afirman que, en un contexto de longevidad y reducción de la natalidad, el paradigma de una carrera lineal no es viable tanto en términos financieros como motivacionales. Esto implica un gran reto para los profesionales: reimaginar nuestras carreras como un portafolio de actividades dependientes e independientes, dedicar tiempo y esfuerzo al aprendizaje constante, y combinar el trabajo con retos creativos y el disfrute de nuestras relaciones personales.
Seguimos siendo un país joven. La edad promedio de los peruanos es de 34 años, pero estamos envejeciendo rápidamente. Vivimos más años y tenemos menos hijos. Estas tendencias nos obligan a repensar, desde la perspectiva individual, nuestros planes de carrera, y, como empresas y país, la contribución de los adultos mayores a nuestra economía y sociedad. En su serie de libros “The 100-Year Life”, los profesores de London Business School Lynda Gratton y Andrew J. Scott afirman que, en un contexto de longevidad y reducción de la natalidad, el paradigma de una carrera lineal no es viable tanto en términos financieros como motivacionales. Esto implica un gran reto para los profesionales: reimaginar nuestras carreras como un portafolio de actividades dependientes e independientes, dedicar tiempo y esfuerzo al aprendizaje constante, y combinar el trabajo con retos creativos y el disfrute de nuestras relaciones personales.
Gratton y Scott recomiendan invertir no solo en activos tangibles que nos aporten solidez financiera para una vida larga, sino también en activos intangibles que nos permitan ser productivos y felices en el largo plazo. Debemos aprender continuamente para adaptarnos a los cambios tecnológicos, la IA y las oportunidades del mercado. Estas constantes transiciones demandan autoconocimiento, flexibilidad psicológica y una red de contactos amplia y diversa. Además, necesitamos dedicarnos a nutrir nuestras relaciones y mantener nuestra salud física y mental.
Desde la perspectiva empresarial, urge prepararnos para aprovechar el potencial de los adultos mayores, que van a representar una proporción cada vez más grande de la población económicamente activa. Admiramos la rapidez de los jóvenes para aprender y resolver problemas. Muchos de nuestros programas de RR.HH. están enfocados en este tipo de inteligencia, que los psicólogos Raymond Cattell y John Horn denominan inteligencia fluida. Esta habilidad llega a su pico en la década de los 20 o 30 y luego decae. Sin embargo, la inteligencia cristalizada llega a su pico en los 60 o 70. Un equipo de jóvenes curiosos y adultos mayores experimentados puede llegar mucho más lejos que un grupo más homogéneo. Las empresas que logren anticiparse a esta tendencia serán más productivas.
El bono demográfico de nuestro país empezó en el 2005 y terminará aproximadamente en el 2045. Estamos acostumbrados a un mercado laboral con muchos trabajadores y relativamente pocos niños y adultos mayores dependientes. Es uno de los factores que impulsó el crecimiento de las últimas décadas. En los siguientes años tenemos que invertir al mismo tiempo en la productividad de los jóvenes y de los adultos mayores.