EEUUBukele y los peleles
“A veces parece que a algunos les preocupa más que Keiko se anote un punto que recuperar la seguridad de los peruanos”.

Presidenta del Consejo Consultivo Editorial de América Televisión

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

La derecha ha sido particularmente mezquina con Keiko Fujimori. Sus expertos en seguridad parecen más interesados en descalificar su iniciativa que en reconocer cualquier posibilidad de cambio.
La derecha ha sido particularmente mezquina con Keiko Fujimori. Sus expertos en seguridad parecen más interesados en descalificar su iniciativa que en reconocer cualquier posibilidad de cambio.
Algunos expertos se han apresurado a minimizar el método Bukele. Dicen que no se puede implementar, que no funciona y que, encima, es antidemocrático. Hay algo de cierto en algunas de esas afirmaciones. Pero también hay mucho de pesimismo. Y, sobre todo, bastante mezquindad política.
Es cierto que no se trata de copiar íntegramente el modelo salvadoreño. Pero la propia Keiko Fujimori ha sido clara sobre lo que fue a buscar: “Las experiencias exitosas hay que analizarlas, estudiarlas y adaptarlas. Sin duda somos países distintos, pero todo aquello que funciona, las cosas positivas, las podemos utilizar”.
Bukele mismo dijo que “ellos (los peruanos) decidirán qué desechar y qué tomar en cuenta, qué aplicar y en qué medida aplicarlo”, sugirió. “Salvadas todas esas diferencias, hay cosas que son universalmente aplicables y ahí es donde nosotros les abrimos no solo las puertas de nuestro sistema penitenciario sino toda nuestra estrategia y toda la forma como nosotros abordamos el crimen”, agregó.
¿Y qué cosas se pueden aprovechar? El control estricto de las cárceles, el aislamiento de los cabecillas criminales para impedir que sigan dirigiendo delitos desde prisión, la eliminación de las comunicaciones con el exterior y el trabajo penitenciario. La presidenta ha anunciado que estas experiencias servirán para los dos nuevos penales que proyecta construir en el Perú. ¿No merece, por lo menos, una discusión seria?
Sin embargo, las críticas han sido despiadadas. Y lo más llamativo es que provengan también de la derecha, que ha hecho de la seguridad ciudadana una de sus principales banderas.
Carlos Basombrío, exministro del Interior, ha dicho tener “serias dudas” de que lo que ocurre en El Salvador sea replicable. Incluso cuestionó que Keiko haya realizado el viaje recién ahora, cuando pudo hacerlo antes de asumir el cargo. Jorge del Castillo también consideró que la visita carecía de utilidad. Y Rosa Bartra, excongresista y antigua integrante del fujimorismo, se sumó a los cuestionamientos.
No se trata de que los expertos no puedan discrepar. Por supuesto que pueden y deben hacerlo. El problema es que pareciera existir una resistencia a reconocer cualquier iniciativa de Keiko, incluso cuando apunta a uno de los problemas que más preocupa a los peruanos. ¿Desde cuándo buscar buenas prácticas en otros países se ha convertido en una razón para descalificar a un gobierno?
La propia defensa de la visita que hizo el ministro Juan Sheput resulta bastante sensata: se trata de benchmarking, de estudiar lo que funciona en otros lugares y adaptar esas experiencias. “No conocen lo que es el benchmarking”, dijo al responder a las críticas.
Hay también un ímpetu por minimizar los operativos de seguridad y cualquier intento de recuperar el control de los establecimientos penitenciarios. Las intervenciones para desmantelar antenas clandestinas y cortar las comunicaciones ilegales de los penales no son poca cosa. Si los cabecillas siguen dirigiendo extorsiones y asesinatos desde sus celdas, controlar las comunicaciones es parte fundamental de cualquier estrategia.
Nadie está pidiendo un cheque en blanco ni que se sacrifiquen las garantías democráticas. Pero tampoco podemos convertir las objeciones al modelo salvadoreño en una excusa para descartar cualquier medida que pueda servirnos. Mucho menos cuando quienes hoy cuestionan han sido ministros, oficiales o han ocupado cargos públicos vinculados a la seguridad. La experiencia debería servir para proponer alternativas, no solamente para explicar por qué nada va a funcionar.
La derecha debería ser la primera en exigir resultados en seguridad. Y también la primera en reconocer cuando se intenta hacer algo distinto. Cien días son muy pocos para resolver una crisis de esta magnitud, pero suficientes para identificar qué medidas vale la pena estudiar. A veces parece que a algunos les preocupa más que Keiko se anote un punto que recuperar la seguridad de los peruanos.













