Actualmente se observan notorios contrastes a nivel geográfico en los índices del hambre especialmente entre la costa y el interior del país (Foto: archivo)
Actualmente se observan notorios contrastes a nivel geográfico en los índices del hambre especialmente entre la costa y el interior del país (Foto: archivo)
Redacción EC

Siete departamentos de la sierra y selva del Perú reportaron un estado serio del hambre y Lima Metropolitana registró un incremento en este mal respecto a hace una década. Estos son los principales hallazgos tras la elaboración del último Índice Global del Hambre (IGH) 2018 realizado a nivel nacional por la plataforma de colaboración internacional Alliance 2015, integrada por las organizaciones Ayuda en Acción, Cesvi, Helvetas, Hivos, y Welthungerhilfe.

Este indicador evalúa el bienestar de la población a través de variables como la oferta alimentaria, la desnutrición en menores de cinco años o la mortalidad infantil. Se mide en una escala que va desde 0 hasta más de 50, donde los niveles “serio” y “alarmante”, sobrepasan los puntajes de 20 y 35 respectivamente [ver gráfico].

Si bien a nivel agregado, el Perú ha mostrado un retroceso en sus niveles de hambre durante los últimos años, ubicándose en 8,7, actualmente se observan notorios contrastes a nivel geográfico, especialmente entre la costa y el interior del país.

De esta manera, Huancavelica, Ayacucho, Huánuco, Apurímac, Pasco, Loreto y Cajamarca reportan los niveles más altos de hambre a nivel nacional (por encima de 20 puntos). En contraste, los valores más bajos (menos de 9,6) se observan en regiones de la costa y con mayor nivel de desarrollo como Moquegua, Tacna, Lambayeque o Ica. A manera de resumen, la incidencia de hambre en los primeros es casi tres veces mayor que en los segundos.

En detalle

¿Qué factores explican las desigualdades observadas? Para William Campbell, vocero de Alliance 2015 y director de Ayuda en Acción Perú, las diferencias se explican por aplicación de políticas que han concentrado el desarrollo en la zona costera, especialmente a través de actividades como la agroindustria.

“La diferencia entre la parte de la costa y la parte de la sierra y selva es que los modelos de desarrollo que hemos tenido en el país en los últimos años están priorizando principalmente intervenciones de desarrollo económico en la costa. Los avances que se están teniendo en Moquegua, en Tacna, inclusive en Arequipa con estos modelos de inversión que algunos casos promueven la agroexportación. En el caso de Tacna y Moquegua están en los primeros lugares del IPS y competitividad”, explica.

En tanto, los niveles más desfavorables se encuentran en zonas con altos niveles de pobreza y pobreza extrema, como Huancavelica o Cajamarca. Estos, coincidentemente, también albergan las zonas más alejadas o con ausencia del Estado a través de la provisión de servicios públicos. Según el especialista, existe una alta correlación entre el índice del hambre con ambos indicadores.

“Cada vez nos cuesta más reducir el número de personas en situación de pobreza y en todo caso los que salen de la pobreza se quedan en una franja de vulnerabilidad que al primer tropezón económico vuelven a caer”, opina Campbell.

Sin embargo, el estudio también revela que hubo zonas de la costa, como Tumbes o Lima Metropolitana, donde el desarrollo económico no ayudó a paliar los niveles del hambre, incluso este aumentó respecto a años anteriores. En el primer caso aumentó de 9,9 a 12,6 en la última década, mientras que en la capital pasó de 11,5 a 12,7 en los últimos cuatro años.

Campbell señala que en caso de Lima Metropolitana, el incremento se debería a la precariedad y el subempleo en los cordones de pobreza de la ciudad.

Soluciones

¿Qué medidas de política son las más eficaces frente a este escenario adverso? El estudio hace hincapié en transformar los sistemas alimentarios así como las desigualdades en el acceso a alimentos, resaltando el aporte nutricional que puedan tener las raciones alimentarias.

“Entonces necesitamos poner más atención en lo que va en el plato. Más allá de pensar en cuanto produzco o en cuánto consumo de lo que produzco o en los ingresos que tengo para consumir alimentos”, dice Campbell.

También se recomendan poner énfasis en la puesta en marcha de la estrategia nacional de seguridad alimentaria y nutricional, aprobada en el 2013, así como en la Ley de Alimentación Saludable.