Tamar Arimborgo
Tamar Arimborgo
Maria Alejandra Campos

La congresista Tamar Arimborgo nos ha deleitado con una argumentación novedosa y rigurosamente sustentada de por qué la eliminación del enfoque de género de todas las políticas estatales es una necesidad urgente. Desafortunadamente, la cobertura se ha centrado en la línea que menciona que una de las consecuencias fatales de lo que ella llama “ideología de género” sería el contagio de cáncer y sida. Sin embargo, el sustento de su proyecto de ley esconde otras varias joyas que merecen ser difundidas.

Por ejemplo, la inminente colonización de la cultura peruana. Para la congresista Arimborgo, el enfoque de género es una “injerencia internacional proveniente de organismos extranjeros” que afecta los derechos de la nación. Claramente que las mujeres usen celeste o que yo juegue fútbol es un plan de Soros para conquistar el ideario nacional y ocasiona “una grave afectación a los derechos sociales y culturales del Perú”.

También está la importante advertencia de que el enfoque de género produce “cambios indeseados de sexo biológico”. Hay que estar atentos, entonces, a identificar los casos en que las personas que han recibido algún tipo de formación o capacitación en igualdad de derechos de hombres y mujeres hayan terminado experimentando una inestabilidad genital inesperada. Podrían ser cientos de miles de ciudadanos afectados por este mal. A mí, felizmente, no me ha pasado.

El sustento del proyecto de ley incluye como evidencia irrefutable que hay países modelo en derechos humanos que prohíben la “ideología de género”. Tal es el caso de Rusia, la tierra de Vladimir Putin. Los rusos, sensatamente, emitieron la ley de prohibición de propaganda homosexual. Como es sabido, y estoy segura de que la congresista Arimborgo coincide, cuando una persona ve publicidad sobre los derechos de la comunidad LGBT, inmediatamente se ve confundida sobre su sexualidad. Así como cuando uno está en la bodega y quiere comprar Coca-Cola, pero ve un cartel de Pepsi al costado. ¿Qué nos asegura que se mantenga en su decisión inicial de comprar Coca-Cola? Rusia es, sin duda, un modelo a seguir.

Hay un argumento final que me confunde. El proyecto de ley cita al Colegio Americano de Pediatras, una organización que promueve “las familias formadas por un padre y una madre”. Sin embargo, me parece que podrían ser pro “ideología de género”. Este es el extracto que levanta mis sospechas: “Todos nacemos con un sexo biológico. El género (la conciencia y sentimiento de uno mismo como hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico, no un concepto biológico objetivo”. ¿No es ese el enfoque al que el proyecto de ley se opone? Creo que habría que pedirle a los asesores que redactaron el texto que tengan cuidado con la selección de fuentes secundarias que utilizan.

Finalmente, también es preocupante que el congresista Tubino, vocero de Fuerza Popular y responsable legal de respaldar las iniciativas legislativas que presentan los congresistas de su bancada, haya reculado rápidamente en apoyar este proyecto de ley. Ha llamado “ilógicos” sus sustentos y ha insinuado que serían “trogloditas” y “medievales”. Francamente es improbable que uno firme un proyecto de ley que considera que tiene problemas de fondo antes de que estos hayan sido subsanados. No hay derecho en hacerle un desplante así a un texto rigurosamente trabajado (salvo por el lapsus del enfoque de género mencionado en el párrafo anterior). Qué lisura.

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