Las semanas de alta intensidad social nos sacan del orden regular y nos exponen a tomar decisiones bajo presión, por compromiso, por emociones asociadas a recuerdos o por reacciones impulsivas. Es más el contexto que nuestro hambre. Por eso, más que hablar de qué nos conviene o no comer, vale la pena darle una mirada a cómo decidir.
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El problema no es la comida. El problema proviene de una combinación de desconexión con asociaciones del pasado que no son siquiera vigentes, pero olvidamos cuestionar y tomamos por sentado.
El ritmo social aumenta: invitaciones, ruido, expectativas. ¿Qué ocurre? Nos agotamos, operamos a desde la inercia. Comemos porque sí, nos servimos más por presión.
Para reconectar necesitamos un enfoque distinto.
Paso 1: discernimiento
La capacidad que tenemos de elegir desde nuestro lado más maduro, el que sabe lo que nos conviene, lo que es mejor para nosotros. Es importante preguntarnos: “¿Esto me acerca o me aleja de mis objetivos, de cómo me quiero sentir, de quien quiero ser?“.
Estar presentes lo cambia todo.
Paso 2: neutralidad
La comida no nos define, un día no cambia nuestra identidad. Cuando eliminamos el drama, podemos mantener la claridad: elegir lo que realmente disfrutamos y dejar lo que no necesitamos. Nuestro cuerpo lo agradece. Recordarlo es crucial.
Paso 3: comprensión
Entender cómo nos sentimos. Hay días en que nuestra digestión, energía y emociones están más sensibles. Ignorarlas hace que la desconexión nos afecte más. Estar presentes nos permite elegir desde lo que necesitamos.
Encontrar la calma es importante, para lograrlo, hay que conectar.
Respirar, cambiar de ambiente, tomar agua, llamar a alguien que nos hable con cariño o nos haga reír. Eso regula las emociones, baja el nivel de estrés y colabora con nuestras elecciones más que cualquier regla nutricional.
Decidir bien en semanas caóticas no se trata de perfección, sino de coherencia. De elegir lo que nos sostiene, lo que nos nutre. Nosotros marcamos el ritmo, incluso cuando afuera todo está muy acelerado. Mantener la claridad requiere práctica. Las semanas caóticas son el mejor momento para entrenarla.