Muchas veces el verano es el momento para “pausar” la vida. Nos imaginamos idealmente tumbados en la arena, dejando que las semanas pasen entre siestas y desconexión. Pero el verano tiene una energía vibrante que ningún otro momento del año tiene.
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Me atrevería a decir que es el escenario ideal para dejar de ver el ejercicio como una tarea y empezar a verlo como una celebración de nuestra libertad. La libertad de poder movernos.
Recuerdo cuando tenía 10 años. El verano no era para cumplir rutinas; era para salir disparado en bicicleta, tocar el timbre de la casa de un amigo y jugar hasta el atardecer o nadar hasta que los dedos se pusieran arrugados. Esa es la esencia que como adultos deberíamos rescatar: el movimiento como juego.
El equivalente a tocar el timbre a tu amigo con tu bicicleta en vacaciones es compartir con alguien el plan de entrenamiento. Esos son los amigos que recoges en el camino y que la vida tiene guardados para ti; regálate la suerte de encontrarlos. El deporte me ha regalado amigos de todas las edades, personas que hoy son importantes en mi vida y a las que me une haber compartido los retos más increíbles.
Te dejo algunos tips para hacer de este verano un verano activo, libre y feliz. Un verano volviendo a tu esencia:
- Busca tu “deporte de temporada”. Algo nuevo, quizás algo que hace tiempo quieras probar y que te dé ilusión.
- Tu tribu es tu motor: entrenar con amigos es el antídoto perfecto para la flojera. El compromiso con otros lo cambia todo.
- Logística para el éxito: si tu “kit” está listo, es mucho más difícil fallar.
- Actitud de explorador: cambia el “tengo que” por el “voy a ver qué descubro hoy”.
- Colecciona sensaciones: guarda esa sensación increíble, esas endorfinas después de un buen entrenamiento. Ese recuerdo será tu combustible para todo el año.