Hace unos días me metí a un curso de inteligencia artificial. Y mientras escuchaba conceptos nuevos, palabras raras y un mundo entero avanzando rapidísimo frente a mis ojos, sentí algo inesperado: la emoción de volver a ser principiante.
Hace unos días me metí a un curso de inteligencia artificial. Y mientras escuchaba conceptos nuevos, palabras raras y un mundo entero avanzando rapidísimo frente a mis ojos, sentí algo inesperado: la emoción de volver a ser principiante.
MIRA: Siete pisos y 18 mil metros cuadrados: la nueva biblioteca de la Universidad de Lima que redefine el papel de la lectura
Qué loco se vuelve crecer. De niños aprendíamos todo el tiempo. Nos caíamos, preguntábamos, probábamos sin miedo. Había ilusión en no saber.
Pero de adultos pareciera que tenemos que ser ‘pro’ en todo. Como si no supiéramos permitirnos empezar. Como si equivocarnos estuviera mal. Como si no dominar algo rápido nos quitara valor.
Y sí, amo crecer. Amo buscar mi máximo potencial en mi vida personal y profesional. Pero ese día entendí algo importante: no quiero perder nunca la ilusión del principiante.
Porque hay algo profundamente vivo en entrar a un lugar donde todavía no sabes. Donde tienes que observar más, escuchar más y volver al centro para entender que aprender también es una forma de expandirte.
Buda decía: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 25 años. El segundo mejor momento es hoy.”
Y quizás crecer se parece mucho a eso. A atreverte a plantar nuevas versiones tuyas constantemente. Aunque abrume. Aunque todo vaya rápido. Aunque el resultado todavía no exista.
Porque la calma no es saberlo todo. La calma es confiar en que puedes aprender. Y ahí entendí algo más: todo aquello que hoy dominas también fue incómodo alguna vez.
La disciplina no solo sirve para entrenar el cuerpo. Sirve para no abandonar tu crecimiento. Para no ser esclavo de tu estado de ánimo. Para seguir intentando incluso cuando sería más fácil quedarte donde ya eres bueno.
Quizás la verdadera juventud del alma está ahí. En seguir siendo curiosos. En seguir moviéndonos. En no dejar nunca de abrir puertas dentro de nosotros mismos.
Anda, intenta. Atrévete.