Sé que esto puede incomodar un poco, pero ahí va: piensa en la última vez que comenzaste algo “con todo”. Una dieta “mágica”, una nueva rutina de sueño, ese plan de hidratación que esta vez sí ibas a respetar. ¿Cuántos días duró? ¿Una semana? ¿Tres? ¿no recuerdas?
Sé que esto puede incomodar un poco, pero ahí va: piensa en la última vez que comenzaste algo “con todo”. Una dieta “mágica”, una nueva rutina de sueño, ese plan de hidratación que esta vez sí ibas a respetar. ¿Cuántos días duró? ¿Una semana? ¿Tres? ¿no recuerdas?
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No te pregunto para que te sientas mal. A mí me ha pasado, más de una vez. Te pregunto porque creo que estamos midiendo algo importante usando una estrategia equivocada.
Llevo años acompañando a personas que quieren cambios en su cuerpo, nivel de energía, salud. El patrón se repite constantemente: no fallamos por falta de información. Fallamos por exceso de intensidad y presión innecesaria. Iniciamos los cambios como si fueran carreras de cien metros cuando lo que tenemos por delante es una vida entera.
Sería genial entender esta idea: no somos lo que hacemos una vez, somos lo que sostenemos. Lo que sostenemos a nivel celular y a nivel identidad, es lo que nos constituye.
Tu cuerpo no celebra la noche que dormiste ocho horas si la siguiente duermes cinco. No premia los 150 gramos de proteína del lunes si el martes comes 60. La fisiología no guarda saldos a favor, premia el ritmo. Para el cuerpo, para las células, no existe un héroe de momento; es necesario que haya un sistema. Un sistema que se repite.
Si pensamos en nuestra identidad, ocurre algo parecido. Cada vez que tomamos agua al despertarnos, estamos haciendo un voto por el tipo de persona que queremos ser. Muchos votos en la misma dirección nos convierten en quienes somos. Así, casi sin darnos cuenta, nos transformamos. Nos convertimos en una persona que se despierta, que se ejercita, que come, que duerme, que se cuida de una manera específica.
Adherencia, un término fascinante, que está lejos de buscar perfección, que apunta a volver más rápido cada vez. A regresar a la ruta trazada por nosotros mismos, a recuperar nuestro norte.
Entonces: ¿Quién eres hoy? ¿Cuál es tu identidad? ¿Cuál es tu norte? ¿Cuál es tu nivel de adherencia?