Resumen

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La buena noticia es que para que la cosa funcione el tamaño no importa. Lee la columna de Luciana Olivares. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
La buena noticia es que para que la cosa funcione el tamaño no importa. Lee la columna de Luciana Olivares. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
Por Luciana Olivares

Siempre me he descrito profesionalmente como una celestina. En palabras de mi abuela, como una alcahueta, pero de buenas intenciones. Aún recuerdo uno de esos primeros ‘romances’ cuando trabajaba en un banco. Teníamos como objetivo hacer más vistosa la pronta inauguración de nuestras agencias y por ello convocamos a los mejores grafiteros de la ciudad para que usaran como lienzos esos enormes y feos triplays que cubrían las agencias en construcción. Sus obras de arte pondrían más guapo el barrio. Transformamos una aburrida y predecible inauguración de agencias bancarias en una exposición de arte callejero, reemplazando las biscotelas y el vino de honor por pintura y talento local (incluso logramos algunos titulares en medios de prensa). Fue un win win total: los artistas vendieron sus obras y lograron reconocimiento; el banco alcanzó su objetivo de comunicar y capturar la atención de los vecinos de la zona. Pero además de grafiti tuvimos gastronomía, pintura, música peruana, cine y hasta circo.