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¿Es posible prohibir el uso de las bolsas de plástico en el Perú?

Mientras Chile prohibió hace dos semanas el uso de bolsas de este material, acá el debate para reducir su uso se ha postergado en el Congreso hasta la próxima legislatura

En los años 60, la Municipalidad de Lima publicaba avisos en los diarios recomendando a los vecinos no botar su basura en cajas de cartón, que se rompían por la humedad, ni en las viejas latas de aceite, por ser un problema para los recolectores. Lo que proponía la comuna como solución se veía revolucionario: “¡Usa la bolsa de plástico!”, decía el slogan. Estas acababan de nacer. La sueca Celloplast las había patentado en 1965 como un producto hecho sobre la base del polietileno. Su inventor, el ingeniero Sten Gustaf Thulin, no se imaginó el monumental problema en que nos iba a meter su hallazgo 50 años después.  

Hoy día nadamos en un mar de plástico que nos ahoga visualmente, y a los peces ni qué decir. Esta semana, la ONG británica Blue Planet Society anunció que el celacanto, un pez 160 millones de años más antiguo que los dinosaurios, está amenazado por el arrojo de bolsas al mar de Indonesia. Curiosa ironía: el celacanto sobrevivió a los dinosaurios y estaría muriendo por un producto derivado del petróleo, es decir, de los dinosaurios. El plástico está en todo lados. Te lo dan hasta por las cosas más inútiles: para envolver una fruta o una pastilla.  

Una bolsa estándar como la que entregan en farmacias, supermercados o panaderías cuesta poco. Mucho menos que una moneda de 10 céntimos. Se entiende así el frenesí de los vendedores por despachar las compras en algo que les cuesta una miseria. “Cuando yo era chica, a mí me mandaban a comprar el pan en una bolsa de tela. Y esa bolsa era la más importante de la casa. Era la más limpia y no se usaba para nada más”, recuerda, nostálgica, Fabiola Muñoz, ministra del Ambiente. “Las bolsas de plástico son una comodidad, sin duda, pero no nos ponemos a pensar en todo el impacto negativo que generan al ecosistema. Si la quemas, contaminas. Si la entierras, también contaminas. Si la echas al mar, contaminas y matas a la fauna”.  

El presidente Martín Vizcarra, en su mensaje a la nación el 28 de julio, abordó el tema y recibió el aplauso entusiasta de los ecologistas. “Una bolsa de plástico se fabrica en un minuto, la usamos 30 minutos y tarda más de 200 años en degradarse [...]. Por favor, evitemos su consumo”, dijo. El aviso iba en consonancia con lo que estaba por ocurrir en Chile, que ha prohibido el uso de bolsas de plástico en todo su territorio. En Perú ya hay un proyecto de ley sobre la reducción de este producto. Lo presentó la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología, luego de un consenso entre seis propuestas legislativas. El proyecto recomienda que en las áreas naturales protegidas no se permita el ingreso de este material. Contempla, además, la prohibición de los llamados plásticos de un solo uso (cañitas, bolsas pequeñas). Debió discutirse en el Pleno, pero el debate ha sido postergado para el inicio de la próxima legislatura. Algunos municipios, entre tanto, ya se han puesto en vereda, como el de Magdalena, que en junio aprobó la ordenanza que prohíbe las cañitas en su distrito, con multas por el 10% del valor de una UIT en caso de reincidencia.  

“Cada minuto en el mundo, un camión con plástico es arrojado al mar. Se calcula que para el 2025, en el océano habrá una tonelada por cada tres de pescado. Y a ese ritmo, en el 2050 tendremos más plástico que pescado en el mar”, anota María Paz Cigarán, la gerente general de Libélula, una consultora peruana especializada en temas ambientales. Precisamente, acerca del reto de qué hacer con el plástico, Líbelula organiza Nexos+1 (23 y 24 de octubre), un encuentro internacional con expertos en este y otros campos de la sostenibilidad. “La contaminación ya no es solo un problema que afecte a la fauna marina. Está el tema de los microplásticos, que son partículas que llegan al mar, son ingeridas por los peces y luego llegan a nuestra mesa”, dice.  

Para el MINAM, las soluciones al problema empiezan desde uno mismo: usando menos plástico de un solo uso, rechazando las bolsas o las cañitas cuando estas no son necesarias. Los comercios también tienen responsabilidad en esto. El mes pasado, tiendas Wong, de Cencosud,  anunció que se convertirían en "la primera gran cadena de supermercados que deje de utilizar tecnopor en sus 21 tiendas a nivel nacional". Ellos han reemplazado este material por productos en base a politereftalato de etileno (PET) y cartón, ambos materiales reciclables. Con las cañitas o sorbetes de plástico tampoco hubo tregua, siendo estos sustituidos por similares elaborados con almidón de maíz, 100% degradables y compostables. La compañía informó además que desde que aplicaron procesos de desincentivo de uso de bolsas plásticas, han logrado reducir el consumo de más de 30 millones de estas en sus locales. 

Otras cadenas de supermercados, como Tottus, anunciaron a inicios de junio, como una opción ecológica, la entrega y expendio de bolsas 100% biodegradables hechas con féculas de maíz. El plan piloto arrancó en su tienda de 28 de Julio (Miraflores) y recibió la visita de la misma Ministra del Ambiente. Anunciaron entonces que la idea es replicar esta misma acción en el resto de establecimientos de la marca. 

Es una alternativa interesante para empezar, aunque los ecologistas indican que el peligro que podría haber con esto no se estaría ayudando a modificar un patrón de conducta que se ha comprobado nocivo. “El gran problema con las bolsas oxobiodegradables, que son las que más se venden en Perú, es que en verdad no promueven la reducción del uso. Al contrario: consumimos pensando tranquilamente que estas se van a degradar solas y no es así. Necesitan de ciertas condiciones para que estas desaparezcan. Por ejemplo, los países árabes las han abrazado porque allá ellos tienen mucho sol. En nuestro caso, puede que estas bolsas se fragmenten tanto al punto que ya no las veamos, pero siguen siendo contaminación, solo que invisible”, sostiene el biólogo Juan Carlos Riveros, director de ciencias de la ONG Oceana. El especialista recuerda, además, la cantidad de plástico que escapa a la regulación, como el que hay en la ropa. “Estoy seguro de que ahí hay más volumen de plástico que en las bolsas”.  

Las botellas son una de las formas más visibles de plástico en el país. Están hechas de PET, que es 100% reciclable y están donde uno ponga la vista. En su fábrica de Santa Anita, Mauro Gelmi, gerente de operaciones de GEMIX SAC procesa más de 300 toneladas de botellas de plástico al mes, que sin su mediación irían a parar al relleno sanitario o al mar. Ellos las convierten en una fibra, tipo lana, que se usa para hacer, entre otras cosas, las frazadas Tigre, de la empresa Santa Catalina. “El reciclaje es rentable y ayuda al medio ambiente. Es un win-win. El plástico no es malo, es muy útil, sirve para muchas cosas. No tendríamos la calidad de vida que tenemos ahora sin el plástico: se le encuentra en el campo de la medicina y la ropa, pero si no lo usamos bien, si no lo destinamos y reciclamos, ahí es cuando se vuelve malo”. El problema siempre somos nosotros. 

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