(Archivo Histórico El Comercio)
(Archivo Histórico El Comercio)
Por Carlos Batalla

Lo llamaron José Cruz Hernández, o al menos ese fue el nombre completo que la Policía determinó como el más confiable hasta el día de su captura. Hombre de mil rostros, escurridizo, este español de madura edad y sobrepeso se convirtió en la obsesión de los agentes. Cayó mansamente en el aeropuerto de Lima en abril de 1956, pero hasta el último instante negó todos los cargos de estafa que le achacaban.