Por Renato Cisneros

Tiene cara de papá perfecto. Y un bigote peludo que lo hace idéntico al Gustavo Bueno de 1985, ese que -vestido de milico- amenazaba con mostrar una foto suya calato. Angel Cappa, esta especie argentina de poeta/entrenador, ha llegado directamente de las plazas de Madrid para dar lecciones en la ‘U’, si no de fútbol, al menos de lenguaje. Sus críticos más mordaces -movidos quizá por un puñado de envidias- aseguran que don Angel piensa como Menotti, habla como Valdano, pero dirige como Maturana. Es más, afirman que como técnico Cappa es solo un gran asistente.