Por Pedro Ortiz Bisso

Era un público ajeno a la ansiedad dominguera; de saco y corbata, zapatos al crédito y ambiente de pub. Un hincha distinto, de telecable, que quería ver al ‘Mellizo’ o al ‘Patrón’, confirmar qué tan rubia es la cabellera de Palermo y, si se podía, gozar con algún tiro libre o un bombazo de su querido ‘Ñol’.