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Lo que anunciaran ayer Haruhiko Kuroda y Janet Yellen, dos de los banqueros centrales más influyentes del mundo, tuvo en vilo por semanas a los mercados financieros.
Al final, ambos hicieron lo que se preveía: mantuvieron sus posiciones de política monetaria, pero dijeron que podían actuar diferente en los próximos meses. Y las palabras son parte del arsenal de los banqueros centrales.
En la madrugada de Lima, Kuroda anunció que el Banco de Japón mantendría su tasa de interés de referencia en territorio negativo y no alteraría el monto destinado a su programa de compra de activos.
Sin embargo, modificó el mecanismo por el que funciona este último: ya no solo dependerá de un monto objetivo (US$785.000 millones anuales), sino que buscará influir en las tasas de interés de los bonos soberanos y corporativos en diferentes horizontes de tiempo. “Hemos cambiado las metas de nuestra política, pero no hemos abandonado lo que veníamos haciendo”, dijo Kuroda.
Por su parte, a la 1 p.m., Yellen anunció que la FED mantendría sus tasas entre 0,25% y 0,5%.
No obstante, su mensaje contuvo tres datos importantes. En primer lugar, la FED ve que los argumentos para aumentar las tasas pronto se han fortalecido, lo que señalaría un alza en noviembre o diciembre, como espera el mercado.
En segundo lugar, tres miembros del comité de política monetaria votaron en contra del consenso, apostando por un aumento inmediato de las tasas. En la reunión previa, en julio, solo un miembro del comité cuestionó a la mayoría.
Finalmente, las nuevas proyecciones económicas de la FED muestran que para la mayoría de su comité de política la tasa de interés de largo plazo o ‘neutral’ –aquella que maximiza el empleo y la actividad económica sin generar inflación– es menor que hace unos meses: 3% frente a un rango de 3,75% y 4% en julio. Ello apuntaría a un ciclo de alzas más espaciado y con subidas más pequeñas que lo visto en anteriores episodios.
—Fantasmas monetarios—
Kuroda y Yellen se enfrentan a dos retos diferentes con una misma raíz: la crisis financiera global del 2008.
Las instituciones que presiden han usado desde entonces todas las herramientas de las que disponían para revivir sus economías e, incluso, han creado instrumentos nuevos, como la facilitación cuantitativa: una versión sofisticada de ‘la maquinita’ destinada a imprimir dinero para comprar activos financieros, principalmente títulos de deuda soberana o corporativa.
Yellen viene buscando retirar estos estímulos, ante el acecho de dos fantasmas: la inflación y una ‘burbuja’ en los mercados financieros. En octubre del 2014 dio fin al programa de facilitación cuantitativa y en diciembre del 2015 ejecutó la primera subida de tasas de interés en casi una década.
Desde entonces, se espera que la FED implemente nuevas subidas. Pero en cada una de las reuniones del comité de política monetaria de la FED durante este año, un nuevo motivo retrasó esta decisión: la incertidumbre sobre la economía china, el ‘brexit’ o datos débiles de empleo en EE.UU. La inflación tampoco termina de asomar de manera convincente.
Por otro lado, Kuroda está en un dubitativo proceso para ampliar los estímulos. Su fantasma es el contrario del de su colega: la deflación, que congela la decisión de consumo, inversión y endeudamiento en la economía japonesa ante la perspectiva de que los precios sigan cayendo.
Tanto Yellen como Kuroda apuntan a una meta de inflación de 2%. El mismo destino para dos rutas monetarias divergentes.





