Los mercados financieros comenzaron el año con fuertes caídas impulsadas principalmente por temores sobre una subida descontrolada de la inflación y ante ello una respuesta agresiva por parte de la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés) lo cual podría poner en riesgo el crecimiento económico y el mundo podría caer en una recesión. Adicionalmente, otros riesgos surgieron durante el año que generaron más volatilidad: la invasión de Rusia a Ucrania, la escasez de alimentos y energía, tensiones geopolíticas entre China y EE.UU., las políticas de cero COVID implementadas en China, etc. Con todo ello, el escenario base para muchos economistas era un espiral inflacionario difícil de contener y un riesgo muy alto de recesión global.

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