Durante años, la inteligencia artificial fue vista como un lujo tecnológico: cara, compleja y exclusiva de grandes corporaciones. Al ser cada vez más barata, accesible y aplicable a casi cualquier actividad productiva, el mundo la empieza a incorporar al trabajo cotidiano. Sin embargo, en el Perú todavía la miramos desde la orilla. Incluso, algunos dirían, con miedo.

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