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Prostituir la poesía

Las bellas palabras en el burlesque: una crónica desde el burdel poético mexicano antes de su próxima instalación en Lima.

“burdel poético”

Este sábado 9 de junio se realizará el primer “burdel poético” en Lima, en la Casa Bagre (jirón Moquegua 112, Cercado).

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Por Tilsa Otta

Cuando parecía que la poesía era la única que había logrado tirarse perpetuamente la pera de la escuela capitalista, tan mística y precaria que el mercado ni siquiera sabía cómo explotarla, esta tuerca nos da vuelta: ahora nos presenta al poeta como trabajador sensual, al poema como intercambio erótico, al recital como burdel.

El primer “prostíbulo poético” nació en Nueva York el 2014 bajo la premisa de “reivindicar el acto íntimo de recitar”, con una cuidada estética inspirada en el cabaret francés y el neoburlesque, la cual se mantuvo en sus versiones en Barcelona, Berlín, París, Londres, Bogotá y más. El Burdel Poético Ciudad de México abrió sus puertas en octubre de año pasado.

Esta noche asisto a su cuarta sesión, en el restaurante Kerouac. Brenda Bonfiglio a.k.a. Louise B y Patricia Nader a.k.a. Lady Nader son las madamas y responsables. Bastante ajetreadas, me presentan a Julieta Noir, mezcla afortunada de la imaginación del Marqués de Sade y la realidad. En un babydoll de cuero negro, se entretiene provocando a los clientes con miradas seductoras y sonrisas traviesas. Me revela que, además de poeta, es devoradora (de hombres, sobre todo, sus animales favoritos), vampira y reptiliana.

El renglonero de la Roma está fastidiado porque las damas prefieren a Ricardo Almasucia, joven guapo de talante algo arrogante, camisa negra y piercing en la ceja. El renglonero —dícese de quien escribe versos— debería asumirlo, en cada grupo de prostitutas y prostitutos estarán siempre los más pedidos —como Angie Cepeda en Pantaleón— y los relegados, es normal. Siempre habrá una clienta/e que codicie su generosa figura resaltada por la pantaloneta, los tirantes sobre el torso descubierto y esos bigotitos de Jaime Sabines que se dejó para la obra donde lo encarna. Por eso, cuando Almasucia pasa cerca, me dice: “No le creas. Yo digo la verdad, él trabaja con la mentira”.

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Empieza la función y los clientes juegan la ficha que les da derecho a una lectura privada. Los poetas recitan en medio del salón. Erszebét, la debutante, realiza un baile árabe. Un solo ganador será beneficiario de la “Orgía poética”, lectura polifónica que recibirá al final de la noche. Como quien cata voces a ciegas.

Como nunca he ido a un burdel (y no sé si vuelva) elijo a dos: al chico más atractivo y la chica más sexy. Son leyes de la física, como anota un cliente geek interesado en mi investigación: “Un decibel menos, un decibel más cambian todo. Es un intercambio de energía”. El universo solo puede ser explicado por medio de la ciencia y la poesía, eso lo sabemos los parroquianos que abrimos nuestros oídos para que sean penetrados por los versos encendidos que improvisan los vates prostitutos. Prostitutos… un término fuerte, pero ellos se pasean majestuosos como aves del paraíso que justo no temen a los términos fuertes. Agitan sus plumajes de encaje oscuro con la confianza del poeta que sin abrir la boca es el centro de las miradas: su silencio prepara el terreno para el torrente de palabras liberado en los encuentros íntimos.

“burdel poético” en Lima

“Burdel poético” en Lima.

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Almasucia me lleva a una habitación oscura, se sienta frente a mí y me recita un poema apasionado sin dejar de mirarme a los ojos. Contemplando sus gestos, sintiendo sus manos sostener las mías, escuchándolo decirme que nunca antes sintió esto, que hoy no es el personaje sino su verdadero yo, regresa a mí la advertencia del renglonero (“No le creas… eas… eas”) y me pregunto si este chico quiere regalarme the boyfriend experience, tal vez animado por esa antigua creencia de que las mujeres siempre estamos buscando el amor. Como sea es divertido, la intensidad que imprime al poema, sus versos se desgarran de tal modo que hasta puedo sentir las patitas de las letras corriendo en estampida hacia mí.

Cuando llega su número, revela que se enamoró de una clienta y repite el poema mirándome de reojo. Me da vergüenza. “Nadie entiende a los poetas, nadie, por eso buscan hablar con peces, algo parecido al vértigo de cuando se es río […] Eyaculación en magma, tigre ambicioso de carne, improvisación de mi estela en tu cintura, reunión de todas las estrellas en tus aguas”. El público lo aclama.

Julieta siempre está ocupada y la madama no me da prioridad, quizá porque ya gasté mi ficha o por el natural recelo de una madama ante una periodista husmeando en sus dominios.

Al fin me entregan a Julieta. Ella se muestra tan emocionada como yo, me toma de la mano y me conduce a una sala vacía; me sienta sobre una mesa y venda mis ojos. Escucho el tráfico nocturno del lunes 30 de abril, luego la voz de Julieta en mi oreja improvisando un poema furiosamente sexual. Dibuja con sus labios una escena entre nosotras, mi respiración se agita, giro mi cara hacia la suya y siento su tibieza, la cadencia de su inspiración. Por un momento parece que todas las palabras nos aman.

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