Juan Lara Vásquez

El canal de riego Surco es conocido como río gracias a su gran extensión desde su nacimiento en Ate hasta la playa La Chira, en . Sus aguas son utilizadas para el mantenimiento del 80% de parques y jardines de 12 distritos de Lima.

Sin embargo, y tal como sucede con el resto de afluentes en la capital, el río Surco se ha convertido en un viaducto para eliminar sus residuos. 



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“Los vecinos no respetan su cauce. A lo largo del viaducto podemos encontrar basura, desmonte, conexiones de desagües clandestinas y hasta vivienda encima del río”, afirma Rafael López, supervisor de la Comisión de Usuarios del Subsector Hidráulico Surco (CUHS), ente encargado de velar por el uso agrícola del canal.

López manifiesta que el cauce del río Surco tuvo una extensión de seis metros de ancho que ha disminuido drásticamente en los últimos años. Los puntos críticos están principalmente en los extremos del canal: Ate, Santa Anita y Chorrillos

La Autoridad Nacional del Agua (ANA), adscrita al Ministerio de Agricultura, registró 25 puntos críticos a lo largo de los 29,5 kilómetros del canal; es decir, existe acumulación de basura en casi cada kilómetro de este.

Pero la basura es solo uno de los tantos problemas que aquejan al río Surco.

Según la CUHS, uno de los problemas más graves y recurrentes son las viviendas construidas en la faja marginal y construcciones ilegales sobre el canal pese a que están prohibidas. López explica que, debido a esto último, la basura se acumula y ocasiona los aniegos. 

“El aniego ocurrido en Chorrillos [el pasado lunes] fue por la construcción de un muro de contención. Esto se repite en muchas zonas y cuando lo hacen eliminan el desnivel que debe tener el canal para que el agua fluya con normalidad”, asegura Sixto Palomino, administrador local del agua Chillón-Rímac-Lurín de la ANA.

De acuerdo con el artículo 115 de la Ley de Recursos Hídricos (29338), el río Surco debe tener tres metros de área intangible en ambos lados. Dicha zona está prohibida para “fines de asentamientos humanos, agrícola u otra actividad que le afecte [al canal]”. 

Según esta norma, respetar esa área ayuda a prevenir desbordes. La ANA, en coordinación con los gobiernos locales y Defensa Civil, es el ente encargado de promover un mecanismo de reubicación de poblaciones asentadas.

Palomino sostiene que sin las interferencias, que dañan el cauce del canal, no ocurrirían los desbordes. 

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—Gobiernos en contra–
La UCSH denuncia que no solo los vecinos dan la espalda al río Surco, sino que también algunas autoridades municipales han atentado contra este milenario canal.

“[El río Surco] es la historia del lugar. Hay una buena posibilidad de que la construcción del canal se remonte al horizonte temprano, entre 800 a 400 años a.C. Recordemos que Lima es un desierto y que, gracias a los canales de riego, podemos gozar de un valle a lo largo de los años”, explica el arqueólogo Joaquín Narváez. 

López indica que en el 2012 la gestión de Augusto Miyashiro como alcalde de Chorrillos construyó sin autorización un muro de contención de 36 metros de largo en el asentamiento humano Luis Felipe de las Casas.

Años después, el ex burgomaestre calificó el canal Surco como una “acequia” y exigió clausurarlo debido a los constantes aniegos. 

Palomino critica que las autoridades no solo no realizan un reasentamiento de las personas que viven sobre el cauce, sino que permiten la invasión con este tipo de construcciones.

A inicios de este año, la Municipalidad de San Borja modificó las características del tramo 3 del río Surco al construir empedrado de canto rodado en el viaducto. 

López denuncia que esos trabajos se realizaron sin la autorización de la CUHS ni de la ANA, necesarios para cualquier trabajo en el cauce del canal. “Ese segmento es uno de los cuatro que mantenían sus características prehispánicas”, señala Narváez.

El tramo ubicado entre las avenidas Las Artes Norte y San Borja Norte fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura debido a su “valor patrimonial”. 

El Ministerio de Cultura informó a este Diario que inició un procedimiento administrativo sancionador contra el municipio de San Borja para determinar las “posibles afectaciones que pudieran haber deteriorado la calidad de la condición cultural del bien prehispánico”.

Fredy Cruces, procurador la comuna de San Borja, informó que el proyecto fue licitado por la anterior gestión. “Los trabajos se realizaron en enero, antes de la declaratoria”, indicó. 

—Canalización—

La Comisión de Usuarios de Surco manifiesta que, del total de la extensión del canal, solo faltan ocho kilómetros por canalizar. Esto evitaría las conexiones clandestinas y mejoraría el desnivel.

Sin embargo, no pueden realizar el trabajo, ya que necesitan financiamiento de la Subgerencia Regional Agraria, a cargo de la Municipalidad de Lima. “Cuando nos dan una observación en el expediente técnico, la resolvemos, pero luego nos remiten otra. No hay cuándo acabar”, lamenta López.  

Ante ello, la comuna respondió que “no se puede ejecutar la inversión porque el perfil del proyecto, presentado desde hace algunas gestiones municipales, exhibe errores de forma y de fondo. 

-La gente no se identifica con el río-

El arqueólogo Joaquín Narváez explica que las personas no cuidan el río Surco –ni los otros en la ciudad– porque no se sienten identificadas con la labor que este prestaba en los terrenos agrícolas que existían en el valle.

“Los canales se relacionan con la agricultura y no se condicen con los tiempos modernos o urbanos. La gente no tiene respeto hacia el canal”, asegura Narváez, quien tiene un doctorado sobre canales de Lima.

Para el experto, además de los márgenes ribereños, el problema se repite en las huacas. Según refiere, en las zonas con más problemas la vida suele ser muy precaria, como asentamientos humanos sin servicios básicos (agua y desagüe), recojo de basura, etc.

“Como no hay una autoridad que tome control, la gente lo sigue haciendo”, critica Narváez.

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