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Pocas son las obras llamadas a transformar totalmente una expresión artística. Sin embargo, ese fue el caso de “El nacimiento de una nación” (The Birth of a Nation), de David W. Griffith, que habría de cambiar para siempre la narrativa cinematográfica. Demostrando también con el impacto de sus ideas que el cine era una poderosa arma de expresión.
Pero “El nacimiento de una nación” no fue producto de la casualidad. Todo lo contrario. La cinematografía en Estados Unidos había alcanzado una notable importancia como entretenimiento masivo y la industria se consolidaba día a día. Uno de sus pioneros era David Wark Griffith, proveniente del teatro. Se encontraba en la quiebra cuando le ofrecieron su primer trabajo para el cine en 1907. Aceptó porque necesitaba el dinero. A partir de entonces comenzó un aprendizaje que lo llevaría a desarrollar una prodigiosa carrera.
EL VIEJO SUR
La historia de “El nacimiento de una nación” proviene de la novela “The Clansman”, de Thomas Dixon. Una ambiciosa narración sobre la vida en el sur norteamericano antes, durante y después de la Guerra de Secesión. Griffith, que era un caballero sureño, encontró el material muy adecuado para ser llevado a la pantalla y se sumergió de lleno en el proyecto. Invirtió todos sus ahorros en esta aventura.
Sin un guion a la mano y solo con una idea fija en su mente, Griffith fue elaborando la historia, distribuyendo las secuencias y ensamblando el reparto. Así, una actriz que se unió a la producción cuando ya el elenco había sido elegido, consiguió el papel estelar. Su nombre: Lillian Gish, la mayor estrella de cine de su tiempo a partir de entonces.
En “El nacimiento de una nación”, Griffith puso en funcionamiento todos los recursos de los que disponía. Su experiencia previa la volcó por completo, demostrando el correcto uso de los primeros planos, la narración alterna, los planos-secuencia, y mucho más, conjugado con gran estilo y emoción por el montaje. Se definía así una manera de hacer cine. La misma que continúa vigente.

EL IMPACTO
“El nacimiento de una nación” se estrenó oficialmente el 8 de febrero de 1915 en el Clune’s Auditorium de Los Ángeles. El 3 de marzo se proyectó con mayor éxito en Nueva York y, poco después, se convirtió en el primer filme proyectado en la Casa Blanca. “Es como escribir la historia con luces”, dijo entonces el presidente Wilson.
La cinta despertó desde el primer momento las alabanzas más exaltadas por parte de los críticos. Y el público pagaba la astronómica cantidad de dos dólares por verla. Pero el entusiasmo duró relativamente poco. De inmediato, la película y su autor fueron acusados de ser racistas y promover la violencia contra los afroamericanos. Y así, de un momento a otro, Griffith pasó de ser el más celebrado cineasta de su tiempo a ser considerado prácticamente el enemigo público.
En una época en que la discriminación racial formaba parte del statu quo y los derechos civiles prácticamente no existían para las minorías raciales, “El nacimiento de una nación” desató la mayor polémica al respecto. De inmediato, la cinta comenzó a ser mutilada para no exhibir escenas explícitas de torturas y linchamientos.
Se acusó también al señor Griffith de promover el resurgimiento del Ku Klux Klan. Después de todo, en la película son los miembros del Klan quienes hacen justicia y se convierten en los héroes salvadores del humillado sur. “El filme constituía un apasionado y persuasivo documento de la inferioridad de los negros. Realmente, el punto de vista era estrecho y partidista”, señala Lewis Jacobs en “La azarosa historia del cine americano”. “Las implicaciones sociales de la película suscitaron innumerables protestas. Negros y blancos se unieron para atacar el extremismo que inunda la pantalla”, puntualiza el mismo historiador. La polémica fue tan dura que el presidente Wilson se vio obligado a decir: “Se trata de una película lamentable”.
LA HERENCIA
“El nacimiento de una nación”, como señala Jacobs: “Dotó al cine de un nivel artístico completamente nuevo, elevando a la madurez el principio descubierto por Méliès y potenciado por Edwin S. Porter. Los directores de cine se han beneficiado, durante años, de la influencia ejercida por el filme y no resulta exagerado decir que gran parte del progreso cinematográfico se debe a los prodigiosos resultados que Griffith consiguió en esta indiscutible obra maestra”.
Sin embargo, la ideología de la película la condenó por siempre. Y muchos historiadores y críticos se niegan a darle el valor que se merece como pieza de arte. Incluso algunos no la consideran en las listas de las mejores películas de la historia.

Afiche de la película "El nacimiento de una nación"













