"Redoble por Rancas", la obra más célebre de Manuel Scorza. (Fotos: archivo histórico El Comercio)
"Redoble por Rancas", la obra más célebre de Manuel Scorza. (Fotos: archivo histórico El Comercio)

“Este libro es la crónica exasperantemente real de una lucha solitaria: la que en los Andes Centrales libraron, entre 1950 y 1962, los hombres de algunas aldeas solo visibles en las cartas militares de los destacamentos que las arrasaron”. “Exasperantemente real”.

Hace 50 años, Manuel Scorza (Lima, 1928) no pudo hallar palabras más exactas para iniciar su novela que describir la barbarie a la que fue sometido un pueblo, únicamente por exigir justicia, reclamar sus derechos y protestar ante los abusos cometidos por hombres poderosos, respaldados por una imponente maquinaria extractiva y militar. David contra Goliat. Una situación muy similar a lo sufrido por otras comunidades del país. “En el mundo hay cuatro estaciones; en los Andes, cinco: primavera, verano, otoño, invierno y masacre”, escribió alguna vez. Sublevado él también, escribió La guerra silenciosa, un conjunto de cinco novelas que el narrador y también poeta y editor, dedica a distintas sublevaciones campesinas: “Redoble por Rancas” (1970), “Historia de Garabombo, el Invisible” (1972), “El jinete insomne” (1977), “Cantar de Agapito Robles” (1977) y “La tumba del relámpago” (1979).

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Gracias a su pluma y a su profunda conciencia social, Scorza pudo convertir en universal un pequeño pueblecito ubicado en los andes peruanos. Un lugar que, lectores de muchos otros confines del mundo, podrían sentir también como suyo y suyos también sus padecimientos. Rancas es un pueblo ubicado en Pasco, a más de 4 mil metros de altura, en el que ocurre la primera de las muchas masacres que ensangrentarían la zona durante lo que el autor llamó “La última gran rebelión quechua”, a fines de los años 50.

“Yo tomé ese pueblo como escenario del primero de los libros –contó el mismo Scorza a inicios de los 70, en el célebre programa español “A fondo”, conducido por Joaquín Soler Serrano-. En esos libros intento narrar cómo transcurre ese drama, porque sobre lo que se llama el planeta indio hay muy pocas noticias en la historia o la historia oficial no la cuenta y los indios no hablan. Yo tuve la oportunidad de asistir, en calidad de protagonista, a una de estas grandes rebeliones, e intenté contarlas como mejor pude. Porque yo quería mostrar que en el Perú había hombres que podían desmentir esa terrible frase de Gonzales Prada que dice “En el Perú, donde se pone el dedo salta la pus”. Yo dije “no, no todo está podrido en mi país o por lo menos en la historia” y he aquí un acto de coraje, de lucha. Ese ritmo terrible de masacre, lucha, masacre, lucha y coraje, me pareció digno de ser contado y esos son los libros”.

Un breve pasaje de Redoble por Rancas dibuja, también, el racismo y el clasismo de quienes no temían asesinar campesinos o, incluso, lo disfrutaban. Ante el reclamo de un poblador por los abusos de la minera, un prefecto le responde: “Yo he servido en casi todos los departamentos. Nunca he conocido un indio recto. Ustedes sólo saben quejarse: mienten, engañan, disimulan. Ustedes son el cáncer que está pudriendo al Perú”.

POESÍA EN LA TRAGEDIA

La novela es un impresionante fresco sobre una lucha colectiva, emprendida por pueblos indefensos contra la Cerro de Pasco Corporation, una de las compañías más importantes del Perú desde tiempos de Leguía que llevó a los pueblos de la pampa de Cerro de Pasco a una circunstancia angustiante y extrema, con la que era imposible convivir. En un tiempo muy breve, aparecieron con sus maquinarias y emprendieron la construcción de un cerco que avanzaba destruyendo pueblos, cercándolos, cercando también lagunas y cerros, dividiendo calles y plazas absurdamente. Al mismo tiempo, las aguas de un lago se elevaron mediante represas, dejando a los pobladores en una condición dramática, casi como prisioneros. Entonces, se rebelaron, lo que desató y agravó la tragedia de esta zona rural.

“Fue una de las primeras novelas que me impactó por el abuso de las grandes corporaciones, de las mineras, contra los pueblos de la sierra –nos dice el escritor Pierre Castro-. Una de las cosas que más me impresionó fue ver cómo Scorza planteaba la imagen del cerco de la minera que crece alrededor del pueblo como si fuera una fuerza de la naturaleza, como si el abuso fuera un terremoto, un maremoto, algo que pudiera avasallarlos, pero era más terrible porque era organizado por seres humanos”.

Para Hernán Migoya, escritor español afincado en el Perú desde hace muchos años, Scorza es uno de sus autores nacionales favoritos, aunque cree que no muy apreciado actualmente. “Lo tienen un poco olvidado sus propios colegas limeños, no sé por qué. Se trata de un narrador excepcional, movido por un impulso poético delicado y firme a la vez, no se pierde en complacencias de lírico ombliguista”, anota. Señala, además, que “Redoble por Rancas” es “una novela fabulosa, un mosaico de la lucha campesina que se sale del realismo mágico más tópico y que prescinde de soniquetes quejicas: los personajes de Scorza poseen entidad individual y una dignidad personal que no necesita acogerse a ningún manto mítico, y sin embargo su canto de lucha resulta de lo más épico”. “Si tengo que hablar de razones para la vigencia –Para Hernán Migoya, escritor español afincado en el Perú desde hace muchos años, Scorza es uno de sus autores nacionales favoritos, aunque cree que no muy apreciado actualmente. “Lo tienen un poco olvidado sus propios colegas limeños, no sé por qué. Se trata de un narrador excepcional, movido por un impulso poético delicado y firme a la vez, no se pierde en complacencias de lírico ombliguista”, anota. Señala, además, que “Redoble por Rancas” es “una novela fabulosa, un mosaico de la lucha campesina que se sale del realismo mágico más tópico y que prescinde de soniquetes quejicas: los personajes de Scorza poseen entidad individual y una dignidad personal que no necesita acogerse a ningún manto mítico, y sin embargo su canto de lucha resulta de lo más épico”. “Si tengo que hablar de razones para la vigencia –agrega Migoya- solo tengo que decir que la belleza siempre es vigente; y, sobre todo, que lean ‘Garabombo’, la continuación, que les ensanchará el corazón de emoción”.

Para la investigadora y performer Elizabeth Lino Cornejo, que ha desarrollado un estudio a profundidad sobe la comunidad de Rancas y su lucha por la tierra, producto de su investigación antropológica e histórica sobre el proceso de recuperación de tierras en Pasco en la década de 1960, es importante recordar los hechos narrados en la novela, porque siendo Rancas un pueblo pequeño, supo poner en jaque a una empresa abusiva. “En mayo de este año se conmemoraron 60 años de la ‘Masacre de Huayllacancha’, que es como se conoce al momento crítico de enfrentamiento entre la policía y los comuneros –cuenta Lino-. Es a raíz de dicho acontecimiento que Manuel Scorza llega a Pasco y se une a las protestas campesinas para terminar integrándose al movimiento comunal de la zona como secretario de organización. El proceso ranqueño llega a él a partir de los testimonios que recopiló a su llegada”.

Para la estudiosa, “Redoble por Rancas” marca el inicio de una saga literaria que dio cuenta, como ninguna otra, de una pelea atroz por la propiedad de la tierra en los andes centrales del Perú. Una pelea desigual entre pueblos históricamente en el olvido, segregados y deshumanizados frente a un pequeño grupo de poder económico. “Vale la pena recodar esta ‘epopeya andina’ porque pone a personas de grupos segregados como héroes míticos y al pueblo como protagonista. Vale la pena recordarla, porque muestra que la historia de la violencia en el país se inicia mucho más atrás que las incursiones terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA. Vale la pena recordar una publicación cuya singularidad de construcción narrativa que conjuga historia, mito, poesía, testimonio, crónica y universo fantástico se instala como documento para repensar el país y su continua historia de segregación, desigualdad e injusticia. La novela sigue vigente porque nuestra historia de desigualdad no ha cambiado”.

LA NOVELA COMO TESTIMONIO HISTÓRICO

Mariana Alegre es directora ejecutiva de Lima cómo vamos y una reconocida promotora de la movilidad urbana sostenible. Para ella, 50 años después, seguimos teniendo problemas equivalentes a los narrados en “Redoble por Rancas”. “La opresión por parte de grupos de poder, la corrupción, la invisibilización de los indígenas o de los que algún político llamó ‘ciudadanos de segunda clase’ hace pocos años. Eso, para mí, es lo más relevante de releer la novela en el contexto actual”. Mariana no opina como una lectora más, sino como nieta de Manuel Scorza. Ambos han enfocado su trabajo en los seres humanos: él con la lucha campesina, y ella con la lucha ciudadana.

“La obra de mi abuelo y en especial este libro sigue estando vigente y eso es muy doloroso”, confiesa. “Este divorcio del país entre la población natural original y los grupos de poder, que son predominantemente de la costa, muestra su fractura en todos lados. En el racismo, la discriminación, el clasismo, en un montón de barreras y de taras que como sociedad tenemos y que, en un contexto de pandemia, siguen vigentes, trasladan sus patrones y se repiten”. Por eso mismo, afirma que a Manuel Scorza hay que seguir leyéndolo. “No puedo decir que para no repetir la historia, porque ya la estamos repitiendo. Pero creo que sí para que se reconozca hace cuánto tiempo que repetimos la historia. A partir de allí, ojala que pueda haber algunos aprendizajes y que algunas personas, dependiendo del espacio o rol que ocupan, se reconozcan en los personajes. Creo que eso puede ser una buena lección para que en el futuro empecemos a mirarnos con una mayor evaluación de lo que hacemos y como impactamos en la gente.”

Una conclusión muy importante para un país que, tras aquellos días de un Pasco tormentoso, gélido y cruel, ha padecido también otros enfrentamientos producto del descontento social. Es preciso recordar, entonces, las palabras del mismo Scorza: “Me preguntaron hace poco porqué todas mis novelas acaban en derrotas o masacres. Yo no las acabo, las acaba la realidad”.