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¿Hasta dónde puede escalar el choque entre Trump e Irán? Protestas, amenazas y un equilibrio cada vez más frágil
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El reciente cruce de amenazas entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los altos mandos de la República Islámica de Irán se produce en un momento particularmente sensible para Teherán. A las históricas tensiones bilaterales se suma hoy un nuevo factor de inestabilidad: una ola de protestas internas impulsadas por la crisis económica, la inflación y el deterioro de las condiciones de vida.
En este contexto, las advertencias públicas de Washington han reavivado el debate sobre los límites de la soberanía, el derecho internacional y el riesgo de una escalada geopolítica con consecuencias regionales y globales.
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Trump ha advertido que Estados Unidos no tolerará una represión violenta contra los manifestantes iraníes, postura que ha sido interpretada por Teherán como una injerencia directa en sus asuntos internos. De acuerdo con la agencia Associated Press (AP), Trump advirtió en su plataforma Truth Social que si Irán reprimiera de manera sangrienta a manifestantes pacíficos, EE.UU. “acudiría a su rescate”. “Estamos listos y preparados para actuar”, agregó.
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Desde Irán, altos cargos del régimen han respondido con dureza, advirtiendo de “graves consecuencias” si Washington cruza lo que consideran una “línea roja”. Según el portal SWI swissinfo, Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, anunció en la red social X que “Trump debe saber que la interferencia de Estados Unidos en este asunto interno significaría desestabilizar toda la región y destruir los intereses de Estados Unidos (...) Trump inició esta aventura. Deben ser cuidadosos con la seguridad de sus soldados”.
Para los analistas internacionales Francisco Belaúnde y Jorge Chávez Mazuelos, este intercambio retórico no es inofensivo y encierra riesgos reales. Lo cierto es que más allá de las manifestaciones de Trump y las autoridades iraníes, por ahora siete personas han perdido la vida en medio de la represión y 119 fueron detenidas, según la agencia EFE.

El riesgo de una escalada militar
Ambos expertos coinciden en que el peligro de una escalada existe, aunque matizan su alcance. Belaunde sostiene que “el riesgo dependerá de lo que vaya a hacer Donald Trump”, subrayando que el tipo de intervención sería clave para medir la respuesta iraní. A su juicio, una acción directa de gran escala no parece probable, pero sí ataques puntuales: “Lo más lógico sería atacar a la Guardia Revolucionaria, que es lo que sostiene al régimen”.
Chávez coincide en que una ocupación terrestre es inviable, pero advierte que las operaciones aéreas están dentro de lo posible. “No veo viable una operación militar que suponga una ocupación de Irán, sería más compleja que Irak o Afganistán, pero sí es perfectamente posible atacar infraestructura crítica, instalaciones nucleares o centros de producción de misiles”, explica.
Los especialistas destacan que Irán tampoco tiene incentivos para una escalada directa contra Estados Unidos. Belaunde recuerda que, en crisis anteriores, Teherán ha optado por respuestas sumamente calculadas: “Irán sabe que si responde con ataques directos, habría una respuesta mucho mayor de Estados Unidos; no le conviene una escalada”. En ese sentido, el uso de milicias aliadas en la región aparece como un mecanismo indirecto de presión.
Soberanía y límites del derecho internacional
Uno de los aspectos centrales del debate es la legalidad de una eventual intervención estadounidense. En este punto, la coincidencia entre los analistas es clara. Chávez es tajante: “El uso de la fuerza está prohibido por la Carta de la ONU, salvo en dos casos: la legítima defensa o una autorización del Consejo de Seguridad”. Ninguna de estas condiciones, subraya, se cumple actualmente en el caso iraní.
Belaunde refuerza esta idea y descarta cualquier base jurídica sólida para una intervención. “Estados Unidos no tiene ninguna base legal para intervenir en Irán en este momento”, asevera. Incluso cuando una caída del régimen de los ayatolas podría ser vista por algunos como una “buena noticia”, ambos recuerdan que el derecho internacional no permite intervenir en un país solo por su carácter autoritario.
Aquí aparece una diferencia de énfasis: mientras Belaunde reconoce que el fin de una dictadura “podría ser positivo” desde una perspectiva política, insiste en que ello no legitima el uso de la fuerza. En cambio, Chávez pone mayor énfasis en las consecuencias sistémicas: una intervención al margen del derecho internacional profundizaría “el debilitamiento de las reglas y de las instituciones que moderan la anarquía del sistema internacional”. Es decir, debilitaría organismos como la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El impacto interno en Irán: ¿fortalecimiento del régimen?
Otro riesgo es el efecto contraproducente que podrían tener las amenazas externas sobre la dinámica interna iraní. Chávez advierte que el régimen cuenta con un aparato de control sólido, encabezado por la Guardia Revolucionaria y la milicia Basij, con cientos de miles de miembros. “Eso le ha permitido sobrevivir incluso en contextos de ataques externos”, señala.
Para Belaunde, existe el peligro de que una intervención externa termine fortaleciendo al régimen. “Frente a un ataque extranjero, la población podría cerrar filas con el gobierno, y ese es el gran riesgo”, explica. En ese escenario, las protestas, que hoy tienen un fuerte componente económico y social, podrían diluirse o ser reprimidas con mayor legitimidad interna.
Al mismo tiempo, Chávez Mazuelos introduce un enfoque clave: a diferencia de protestas anteriores motivadas por cuestiones ideológicas o culturales, las actuales responden a problemas cotidianos. “Estamos hablando de inflación de más del 40 %, depreciación brutal de la moneda y escasez de agua. Son problemas de la vida diaria”, apunta. Esto, a su juicio, hace que el malestar sea más persistente, aunque no necesariamente más fácil de capitalizar políticamente.
Escenarios futuros: presión, conflicto o contención
De cara al futuro, los expertos coinciden en que las opciones de presión sobre Irán son limitadas. Las sanciones ya están en su punto máximo y un bloqueo del Estrecho de Ormuz sería demasiado costoso para la economía global. Chávez plantea escenarios alternativos: “Podrían darse ataques quirúrgicos, acciones navales contra el comercio petrolero iraní o un mayor apoyo indirecto a sectores opositores”.
Belaunde, en cambio, es más escéptico respecto a las salidas diplomáticas. “No hay muchas opciones diplomáticas reales”, afirma, recordando que para el régimen iraní está en juego su propia supervivencia. En ese contexto, negociar la no represión de protestas masivas resulta casi imposible.
¿Héroe o villano? El rol de Trump e imagen de Estados Unidos
Finalmente, ambos internacionalistas coinciden en que el papel de Donald Trump añade un factor de imprevisibilidad. Chávez observa una contradicción entre el discurso de “America First” y el uso recurrente del poder duro. “Trump habla de buscar la paz, pero lo hace usando la fuerza, lo que debilita el orden internacional basado en reglas”, sostiene.
Belaunde añade que la reacción internacional sería ambivalente. “Muchos criticarían a Estados Unidos como un país intervencionista, pero otros, incluidos varios países árabes, verían con buenos ojos la caída del régimen iraní”, puntualiza. Incluso dentro de Estados Unidos, advierte, la base política de Trump podría dividirse entre aislacionistas y partidarios de una acción contundente.
En conjunto, el intercambio de amenazas entre Washington y Teherán revela no solo una crisis bilateral, sino también las tensiones de un sistema internacional cada vez más frágil. Como advierte Chávez, “cuando se debilitan las reglas y las instituciones, la posibilidad del conflicto se vuelve más real”. En ese terreno incierto, cualquier error de cálculo podría tener consecuencias que trasciendan largamente las fronteras de Irán.










