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Desigualdad de género en las ciencias sociales peruanas, por Lorena Alcázar y María Balarin

“Solo uno de cada tres docentes y uno de cada cinco expertos en medios son mujeres”.

Lorena Alcázar y María Balarin Investigadoras principales de Grade y miembros del Grupo Sofía

Brecha salarial. En su versión del 2017, el estudio "Remuneración Total Salarial" de la consultora indicó que los ejecutivos hombres en promedio reciben una remuneración de S/700.000 en promedio, mientras que las mujeres S/630.000.(Foto: Difusión)

“Enfrentar la desigualdad de género en el mundo académico es importante porque genera una situación injusta e injustificable, así como también una considerable pérdida de talento”. (Foto: Difusión)

En las ciencias sociales peruanas, la mitad de los estudiantes universitarios son mujeres. No obstante, solo uno de cada tres docentes y uno de cada cinco expertos en medios son mujeres. ¿Por qué vemos menos mujeres en eventos académicos, medios y en puestos docentes y directivos? ¿Qué podemos hacer al respecto?

Para abordar esta problemática surge el Grupo Sofía, una red de mujeres profesionales de las ciencias sociales fundada en el 2014 y respaldada por cuatro importantes centros de investigación –Grade, IEP, CIUP y Cisepa-PUCP–, con la misión de promover la igualdad de oportunidades para mujeres en la academia. A partir de las discusiones y actividades del grupo, encontramos que la falta de visibilidad y participación de las mujeres en espacios de debate es solo la punta del iceberg del problema y que se requería generar evidencia en torno a la existencia y causas de las desigualdades.

Recientemente publicamos un libro sobre la desigualdad de género en el mundo académico de las ciencias sociales que busca generar esa evidencia y que explora los obstáculos que enfrentan las mujeres durante su carrera profesional; las narrativas que construyen para explicar sus trayectorias; las dificultades adicionales que las mujeres afrontan en el campo de la economía; y las experiencias de las jóvenes que inician una carrera académica o de investigación. El libro también provee una reflexión acerca de qué hacer en el terreno institucional y de las políticas públicas para enfrentar la problemática de género en el mundo académico.

Los estudios presentan evidencia rigurosa, que antes no había estado disponible, y que muestra las disparidades entre hombres y mujeres con una trayectoria profesional en las ciencias sociales en cuanto a salarios, puestos alcanzados y participación en espacios de debate público y académico. Así, por ejemplo, se encuentra que la proporción de docentes e investigadores hombres que ocupan puestos de liderazgo es prácticamente el doble que la proporción de mujeres en dichos puestos, lo que evidencia la existencia para las mujeres de los denominados en la literatura internacional “techos de cristal” y trayectorias del tipo de “cañería con fuga”. Además, aunque los sueldos de académicos e investigadores son en general bajos, más hombres (26%) que mujeres (16%) se encuentran en el grupo de ingresos más altos. Todas estas diferencias se profundizan cuando las mujeres tienen hijos menores de edad, para las mujeres economistas y para las que trabajan en instituciones públicas o fuera de Lima.

Aunque emplean metodologías distintas y analizan la experiencia de mujeres de diferentes generaciones y contextos institucionales y familiares, los estudios que componen el libro coinciden en los factores que explican las desigualdades. Convergen en advertir, por ejemplo, que muchas de las barreras surgen de la débil institucionalidad en la que se enmarcan las ciencias sociales en el Perú, sin fondos ni políticas públicas que promuevan la investigación. Del mismo modo, el contexto precario y la débil institucionalidad llevan a que redes informales, más que procesos meritocráticos y transparentes, tengan todavía un peso preponderante, algo que en contextos altamente masculinizados puede jugar en contra de la trayectoria profesional de las mujeres.

La persistencia de estas desigualdades de género se explica también por una dispar división del trabajo en el hogar; una barrera extrainstitucional que las instituciones académicas reproducen cuando no toman en cuenta que las condiciones no son iguales para mujeres y hombres a lo largo de su trayectoria. El problema se explica también porque existen mecanismos sutiles –y no tan sutiles– de discriminación en las instituciones: los estereotipos de género, que se traducen en una valoración distinta del trabajo de hombres y mujeres, en comentarios displicentes y en otras prácticas usuales que excluyen a las mujeres; una socialización temprana –en la familia, en la escuela, en la universidad– que genera orientaciones y valoraciones disímiles hacia determinadas materias o metodologías; y la frecuente naturalización e invisibilización de las disparidades, de parte de los hombres y las mujeres.

Enfrentar la desigualdad de género en el mundo académico es importante porque genera una situación injusta e injustificable, así como también una considerable pérdida de talento. Consideramos que un entorno académico menos desigual y con más mujeres participando generará mejor conocimiento,una mejor ciencia y una mejor sociedad, pues habrá más perspectivas para entender los problemas sociales y para formular las soluciones que estos requieran.

Las desigualdades de género en la academia existen y ahora nos toca seguir trabajando para cambiarlas. Entre los pasos a seguir está el generar conciencia sobre la existencia del problema y sus causas, y despertar el interés por la búsqueda de soluciones no solo en las ciencias sociales sino también en otras profesiones y campos.

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