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Con el tiempo, la acusación implícita y racista de “la mancha india” fue reemplazada por referencias menos ofensivas, hablando simplemente de la sierra sur, o de la ruralidad en general.
Resumen
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Una de las primeras definiciones que leí cuando buscaba conocer el Perú fue “la mancha india”, que se refería a los departamentos de Cusco, Puno, Apurímac y Huancavelica. El término resaltaba el carácter indígena de la mayoría de la población en esos departamentos y servía, a la vez, de explicación para la pobreza general. Con el tiempo, la acusación implícita y racista de “la mancha india” fue reemplazada por referencias menos ofensivas, hablando simplemente de la sierra sur, o de la ruralidad en general. Más aún, con el pasar del tiempo las explicaciones desarrolladas por la ciencia social fueron reduciendo la referencia a los aspectos racial y geográfico de la pobreza. Los sociólogos hablaban más bien de las estructuras políticas y de la propiedad como explicaciones principales del atraso y de la pobreza de una mayoría de la población. La acusación política se refería tanto a los favores legales que avalaron el arrebato de tierras de la población indígena como al bajo nivel de gasto en infraestructura o en gastos sociales. Los economistas, por su lado, buscaron explicaciones en la pobreza geográfica y, sobre todo, en el uso de tecnologías anticuadas y de la baja productividad que se pudo documentar mediante muestras de comunidades. Así, el estudio pionero de algunas comunidades serranas realizada por Adolfo Figueroa se concentró en las prácticas agrícolas y los bajos rendimientos que logró documentar en una muestra de comunidades.

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