Un testimonio personaL

“Cristo no vino a dominar, sino a liberar por amor y del pecado en todas sus formas. He ahí su grandeza redentora, que Gustavo supo interpretar y difundir”.

    Francisco Miró Quesada Rada
    Por

    Exdirector de El Comercio

    Resumen

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    Conocí a Gustavo Gutiérrez a través de su famosa obra “Teología de la liberación”, que leí durante un viaje en ómnibus que hice en 1976 a Tingo María. Viaje largo, por supuesto. Pasé toda la noche y parte de la mañana leyendo su obra y chupando caramelos de limón para el soroche. Cinco años después, pude conocerlo personalmente en una de esas reuniones de destacados intelectuales, la mayoría sanmarquinos, que de vez en cuando organizaba mi padre. Por lo general, a ellas asistían Carlos Cueto, Luis Felipe Alarco, Augusto Salazar Bondy y Leopoldo Chiappo. Pero podían caer otros, como José María Arguedas, Ella Dunbar Temple y María Luisa Rivara de Tuesta. Alonso Cueto y mis hermanos Eduardo y Diego pueden dar fe de esos encuentros.

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