En su artículo sobre los conflictos entre algunos Papas y el poder, publicado en El Dominical de El Comercio, Enrique Planas cita a la teóloga Veronique Gauthier de Lecaros, quien explicó que es una tradición del cristianismo llamar la atención al poder, lo cual cobra fuerza a partir de León XIII y de que Robert Prevost, el actual pontífice, “haya tomado ese nombre es una forma de recordar al Papa que impulsó la Doctrina Social de la Iglesia”. Precisamente, León XIV dice, en su reciente encíclica, que el término Doctrina Social de la Iglesia fue empleado por primera vez por Pío XII en 1950.
El Papa, al referirse a las diversas encíclicas, comenzando por “Rerum Novarum”, lo hace de manera sucinta y precisa. La mención y explicación están en el apartado tercero del capítulo primero de su encíclica “Magnifica Humanitas”. Ahí trata sobre los aspectos básicos del “Quadragesimo Anno”, de Pío XI, y “Mater et Magistra” y “Pacem in Terris”, de San Juan XXIII. Igualmente, en el contexto del importante Concilio Vaticano II, fundamental para la posterior evolución de la Doctrina Social de la Iglesia, León XIV nos recuerda que “en la Constitución pastoral ‘Gaudium et Spes’ (Gozo y Esperanza)” se “presentó la imagen de la Iglesia cercana a la humanidad, comprometida con el mundo y dedicada a reflexionar no a partir de esquemas abstractos, sino de la realidad concreta de las situaciones históricas” (MH, pág. 40).
También nos recuerda otras encíclicas como “Populorum Progressio” (San Pablo VI), “Laboren Exercens” (San Juan Pablo II), “Cáritas in Veritate” (Benedicto XVI), “Laudatio Si’” y “Fratelli Tutti” (de Francisco, su antecesor).
Para el Papa, el conjunto de estas encíclicas es “el producto de un cuerpo de principios compartidos que, a la luz de la fe, no ha tenido interrupciones y se deja interpelar por preguntas de cada generación” (op cit. pág. 52).
De hecho, en lo que viene del siglo pasado y el actual, la Iglesia ha tenido cambios, pero manteniendo vivas las enseñanzas de Cristo sobre el amor a Dios y al prójimo. Como toda institución religiosa que se fundamenta en la fe, acompañada de la razón, así como de lo inexplicable como son los milagros y que dura más de 2.000 años, ha sido y seguramente seguirá siendo interpelada por motivos teológicos, filosóficos, científicos, culturales y políticos. Por eso, como explica el Papa, la Doctrina Social es un examen de conciencia para la Iglesia que está llamada a verificar que sus principios se cumplan.
Se deduce de estas palabras que los católicos y autoridades eclesiásticas deben ser transparentes, rendir cuentas y ser consecuentes, pero con una dimensión superior a la política, porque deben poner por encima la caridad del amor a la confusión del poder cuando dicha confusión existe.