Robert Koch descubrió hace siglo y medio el bacilo que causa la tuberculosis. Parece que las ventajas del descubrimiento aún no calan en el Perú. El Minsa ha anunciado la distribución de 67 equipos portátiles MiniDock capaces de detectar ADN bacteriano en muestras de esputo en 25 minutos. ¿Sirve diagnosticar una enfermedad en 25 minutos si el sistema sanitario no logra controlar su transmisión?
En el 2025, se registraron 34.004 casos de tuberculosis. En el 2024, se notificaron 2.186 casos de tuberculosis multirresistente o resistente a rifampicina (TB-MDR/RR). Según la OMS, en el 2024 el Perú tuvo la mayor incidencia de tuberculosis de Sudamérica: 139 casos por 100.000 habitantes, frente a 19 en Chile. En el continente americano, solo Haití registra una incidencia superior. Y mientras Haití redujo su incidencia en 45% desde el 2015, la del Perú subió 6%.
Es una vergüenza sanitaria que el Perú continúe soportando semejante carga de una enfermedad conocida, prevenible y tratable desde mediados del siglo XX.
Más grave es la persistencia de cepas resistentes a antibióticos como isoniacida y rifampicina. Su manejo exige esquemas terapéuticos complejos y costosos. El ensayo MiniDock MTB, recomendado por la OMS para un diagnóstico inicial de tuberculosis, no detecta resistencia a rifampicina, por lo que la OMS recomienda pruebas complementarias de sensibilidad. Sin evaluar resistencia, un diagnóstico rápido podría conducir al inicio de tratamientos inadecuados. Se debe precisar qué ensayos usa el Minsa y cómo garantizará la detección temprana de resistencia.
La tecnología por sí sola no garantiza calidad diagnóstica. Un diagnóstico molecular negativo, especialmente cuando la carga bacteriana es baja, no siempre excluye la enfermedad. En un estudio, el MiniDock detectó el 85% de los casos confirmados por cultivo: mejor que la baciloscopía convencional (61%), aunque dejó sin detectar uno de cada siete casos.
La lucha contra la tuberculosis exige garantizar medicamentos, seguimiento clínico, adherencia al tratamiento, investigación de contactos y medidas para reducir la transmisión en hogares, transporte público, cárceles y grupos vulnerables.
Una prueba toma 25 minutos; controlar la tuberculosis exige mucho más. No podemos limitarnos a hacer un inventario de equipos o pruebas realizadas. La meta debe ser reducir contagios, enfermedad y muertes, y lograr una disminución sostenida de la incidencia.
La adquisición de equipos corre el riesgo de convertirse en otro indicador administrativo, confundido con resultado sanitario. Hay que combatir la tuberculosis hasta eliminarla como problema de salud pública, no acostumbrarnos a ella.
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