Un Gabinete no gobierna un país. El mensaje presidencial y el nuevo Gabinete revelan tres desafíos: reconocer y fortalecer la cúspide que sostiene la decisión pública, reconstruir una burocracia erosionada y convertir prioridades en capacidad de gobierno.
En mi tesis* estimé un núcleo de 575 posiciones críticas: 76 ministros, viceministros y secretarios generales, 140 directores generales y 359 asesores. Los ministros fijan el rumbo, los viceministros lo traducen en políticas, las secretarías generales viabilizan la gestión, las direcciones generales formulan y ejecutan, y los asesores integran información, anticipan riesgos y sostienen prioridades.
La cifra no pretende censar el Estado. Excluye organismos públicos, reguladores, programas y empresas estatales, pues pertenecen a otros anillos de conducción. Siguiendo a Parsons, el análisis se concentra en las máximas instancias de la PCM y los ministerios, desde donde se ejercen dirección, autoridad y responsabilidad.
Tras una década de vacancias y gobiernos breves, el gobierno recibe una burocracia con rotación, pérdida de memoria institucional y políticas discontinuas. No es inexistente, sino erosionada. Reconstruirla exige más que nuevas autoridades: equipos capaces de conservar conocimiento institucional, coordinar decisiones y sostener la ejecución. El Gabinete reúne trayectorias en política, Estado, gestión de crisis y sector privado. Esa experiencia puede aportar conocimiento institucional, pero también obliga a examinar sus resultados previos y su capacidad para corregir problemas. En gestión pública, la experiencia solo adquiere valor cuando se convierte en mejores equipos, coordinación efectiva, decisiones sostenidas y resultados verificables.
El reto no es solo designar autoridades, sino conformar equipos capaces de gobernar. La confianza política es necesaria, pero, cuando sustituye el conocimiento del Estado, la experiencia sectorial y la capacidad de coordinación, aumenta el riesgo de improvisación. La inseguridad y el FEN exigen equipos de alto desempeño, con experiencia probada para decidir bajo presión, coordinar actores, actuar en el territorio, comunicar y adaptar respuestas frente a escenarios cambiantes. Requieren conocer el presupuesto, los procedimientos y las capacidades de cada territorio e institución.
El mensaje fijó prioridades y el gabinete inició su gestión. La prueba decisiva ya comenzó: construir alrededor de cada ministro equipos capaces de convertir autoridad en conducción, información en decisiones oportunas y estas en resultados, especialmente en contextos de crisis. Allí se juega la capacidad real del gobierno.
*“El tamaño de la alta burocracia del Estado Peruano” (PUCP, 2015).
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.