WUF/ OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
Oda al pacto
“El ideologismo extremo en el Perú nos ha llevado a considerar que todo pacto o acuerdo siempre es un viraje, traición a los principios o simple repartija”.

Especialista en minería e hidrocarburos
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

“Pacto mafioso” o “pacto corrupto”. Ojo a la narrativa. En las últimas semanas -sobre todo- un sector de la política nacional se ha dedicado a construir una narrativa simple pero potente: hay un “pacto mafioso” que nos gobierna. No obstante que una mayoría de congresistas no merece que se les recuerde por sus desatinos y vergonzosas acciones, decir que hay un “pacto mafioso” a todo lo que ocurre en el actual Congreso es un exceso. Vale la pena recordar que el Congreso es el lugar del pacto y de los acuerdos.
El problema con la narrativa de que hay un “pacto mafioso” que nos gobierna es que se denigra y se desacredita el pacto o el acuerdo como licencias en la política real. De hecho, hacer política es -inevitablemente- organizar o construir acuerdos con quien es diferente a uno. Todo lo demás es guerra, confrontación extensa y lucha de religiones. Por eso no se equivocó von Clausewitz cuando en 1831 sentencia que la guerra es la continuación de la política por otros medios. La guerra como instrumento de la racionalidad política.
Es cierto también que los pactos o acuerdos deberían girar alrededor de grandes lineamientos nacionales o sobre las vigas generales del Estado. En lugar de todo lo anterior ahora tenemos una repartija de ministerios e instituciones, pactos cortoplacistas pegados con babas con una visión patrimonialista del Estado. Pero quizá deberíamos recordar que para organizar esos grandes pactos o acuerdos se necesita de más partidos con liderazgos fortalecidos y que tengan una real representación de la sociología nacional. Es decir, haber organizado un sistema de partidos y no lo que ahora sucede cuando tenemos casi cuarenta partidos en la disputa electoral; en tanto que en el Congreso actual hay una política institucionalizada de “transfuguismo” donde el parlamentario solo representa a él y ya no a sus votantes.
De Carl Schmitt heredamos que la construcción de lo político siempre ocurre en el antagónico amigo-enemigo. Nacido en 1888 en el Imperio Alemán justo en el año donde gobernaron los tres kaíseres, Schmitt se inscribiría en el Partido Nazi en el año 1933 y definiría al “otro” como enemigo donde la pasión conformaría la pieza clave del conflicto. Ha sido el “agonismo” de Mouffe la teoría para desactivar esas pasiones y en lugar de amigo-enemigo existen adversarios que se reconocen en el disenso. La racionalidad contra las pasiones.
El ideologismo extremo en el Perú nos ha llevado a considerar que todo pacto o acuerdo siempre es un viraje, traición a los principios o simple repartija. A Haya de la Torre, algunos historiadores, le acusan de “usted fue aprista” cuando logró pactos y acuerdos -las mal llamadas “convivencia” y “superconvivencia”- que permitieron cierta estabilidad en un país caótico e ingobernable.
Es necesario entonces retomar la vieja idea del pacto o del acuerdo, sobre todo en el futuro cercano donde -en apariencia y luego de las elecciones presidenciales- no habría una nítida mayoría en el Congreso y en el Senado para organizar un gobierno estable.
Todo lo que hoy vivimos, la llegada de Castillo, Boluarte y Jerí ha sido resultado de la guerra de religiones basada en el fujimorismo-antifujimorismo, pasiones hechas identidades políticas que han originado el rompecabezas de la ingobernabilidad. El próximo presidente -pasadas la primera y segunda vuelta- tiene la obligación de organizar una mayoría nacional y convertir su gobierno en una transición que devuelva cierta calma y estabilidad al país.
Los sofistas de nuestro tiempo, cómodos en sus trincheras y expertos en echar gasolina, denostarán del pacto y del acuerdo; frente a eso la razón de Estado (como diría Maquiavelo) debe imponerse. Por último, la política la hacen los hombres y no los ángeles, por tanto la “condición humana” está llena de yerros y aciertos, alegrías y pecados.












