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¿Qué pasó con Beca 18?
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"La discusión que no hemos visto es cómo se distribuyen estas becas. Para que realmente tenga un efecto distribuidor debe de asignarse a los estudiantes para que ellos puedan elegir las universidades".
La discusión de por qué se decidió excluir a cerca de 20.000 becas del programa Beca 18 del presupuesto del siguiente año parece verosímil, siempre puede haber errores en la elaboración de la Ley de Presupuesto. Más sorprendente es por qué el gobierno decidió no hacer un ajuste durante la discusión del presupuesto en la Comisión de Presupuesto, o en el pleno.
Excluir las partidas para Beca 18 que podría ayudar a miles de estudiantes de bajos ingresos a salir de la pobreza y lograr una carrera que les permita un mayor ingreso y no quedarse atrapados en la trampa de bajos ingresos que fueron destinados a sus antepasados no es la esencia de un presupuesto (una redistribución del ingreso por medio de las asignaciones presupuestales).
Que el Ejecutivo y el Congreso decidan aprobar un presupuesto que priorice el aumento de las remuneraciones de los servidores públicos en 9% en términos reales, y que pueden llegar a representar el 36% del gasto total, demuestra que el Estado ha sido tomado por políticos que prefieren priorizar sus propios intereses personales y no el bien común: la base de un Estado patrimonialista.
Lo más preocupante es que el gobierno y el Congreso, si aprueba el presupuesto, saben que nace desfinanciado, y que la meta del déficit del 1,8% del PBI no se va a cumplir (según nuestros cálculos, podría llegar al 3,4%).
Como ha sido el caso con otras leyes del Congreso que violan el artículo 79 de la Constitución, que le dan la iniciativa del gasto al Ejecutivo, el MEF tendrá que incorporar este mayor gasto durante el año aumentando el déficit y pasándole la factura al siguiente gobierno. Ante esta situación, uno se pregunta: ¿no era posible también incorporar el mayor gasto de Beca 18?
La discusión que no hemos visto es cómo se distribuyen estas becas. Para que realmente tenga un efecto distribuidor debe de asignarse a los estudiantes para que ellos puedan elegir las universidades. Un error sería asignarlas a las múltiples universidades que ha creado el Congreso y que no garantizan una educación de calidad internacional para los alumnos.
"El libreto de siempre, a costa de la frustración y el desencanto de las promesas de ascenso social de los jóvenes".
Omitir el financiamiento estatal de becas para el 2026 no es un simple ‘error’ contable ni una omisión técnica en una planilla de Excel. Es un baldazo de agua fría a las esperanzas de miles de jóvenes talentosos que ven en la educación la única tabla de salvación para escapar del círculo vicioso de la pobreza.
En el Perú, la educación siempre ha sido la variable de ajuste que se recorta primero cuando hay que hacer ‘economías’. Revela el escaso interés en que los jóvenes de extrema pobreza y de ambientes vulnerables tengan una ruta de ascenso para construir una carrera que su dedicación y talento les permitirían levantar. No es un olvido, es una traición a los derechos de los jóvenes.
Ya sabemos que, frente a la protesta general, el gobierno hará todo tipo de piruetas mediáticas para decir que esos fondos están allí, perdidos en alguna partida; el Minedu y el MEF tratarán de lavarse las manos, los congresistas mirarán hacia otro lado… El libreto de siempre, a costa de la frustración y el desencanto de las promesas de ascenso social de los jóvenes.
Se les está diciendo a los peruanos que la formación del capital humano y la lucha contra la desigualdad son discursos bonitos para los folletos, pero no una prioridad real en la gestión del Tesoro Público. Este ‘error’ manda una señal pavorosa: la apuesta por la equidad es frágil y reversible con un simple clic en una hoja de cálculo.
Este es un tema de dignidad y de futuro. La omisión del MEF no es un desliz, es un síntoma de la miopía crónica de una tecnocracia que a menudo parece gobernar para las cifras macroeconómicas y no para las personas. Restituir el presupuesto es lo mínimo; lo urgente es un mea culpa nacional y un compromiso inquebrantable de que el talento, sin importar su cuna, nunca más será moneda de cambio en el ajedrez presupuestal.

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