Vero verano 2016, por Marco Sifuentes

Pocas cosas resultan más nocivas para una sociedad que el sometimiento a un discurso único.

    Marco Sifuentes
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    msifuentes@comercio.com.pe

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    Vero verano 2016, por Marco Sifuentes
    Vero verano 2016, por Marco Sifuentes

    “Una lorneada no hace un verano” ha escrito Eduardo Villanueva sobre la celebrada presentación de Verónika Mendoza en “Sin medias tintas”. Se refiere a la falta de capacidad que ha tenido, hasta ahora, la candidatura del Frente Amplio para capitalizar una situación que debería haberlos colocado en una posición expectante en las encuestas: el hecho de que eran los únicos que proponían un menú distinto al de los otros candidatos, que básicamente están contentos con mantener el modelo fujimorista de las últimas dos décadas.

    “Eran” los únicos, por supuesto, hasta la aparición fulgurante de Alfredo Barnechea en las redes sociales. Desde su presentación en “Cuarto poder”, el entusiasmo por Barnechea se ha desatado –y se reforzó poco después con la entrevista de Jaime de Althaus–, pero su campaña, ahora mismo, necesita un impulso o corre el riesgo de diluirse. En cambio, según fuentes del comando electoral de Mendoza, ellos sí han tomado la entrevista de Latina como una suerte de punto de quiebre. 

    La interacción entre la televisión e Internet –el fenómeno conocido como “segunda pantalla”– se está convirtiendo, en estas elecciones, en uno de los motores más importantes de una candidatura. De hecho, como comentamos la semana pasada, el segundo pico de popularidad de Julio Guzmán se produjo después de su presentación en el mismo programa de televisión, que se lanza en una de las horas punta de uso de redes. 

    Esto no ha pasado desapercibido para la campaña del Frente Amplio, que acaba de ser reforzada con jales de las electoralmente exitosas izquierdas española y chilena. Al día siguiente de la entrevista, sus seguidores en Facebook se dispararon hasta pasar la barrera de los 100 mil. En una hábil movida, han decidido redituar su ya famosa respuesta en quechua, reforzando el uso del runa simi en todos sus mensajes y apariciones (incluido el video de una espontánea –pero muy calculada– canción en el carnaval de Huamanga).

    Uno de los varios errores que venían cometiendo los seguidores del Frente Amplio era centrar sus ataques en Julio Guzmán, cuyo aparato, hábilmente, los ignoró en todo momento. La nueva campaña sabe ahora que, en realidad, quien les roba espacio es Barnechea y, por eso mismo, han decidido destacar las características andinas, quechuahablantes y empáticas de su candidata. Sin atacar directamente a Barnechea, este posicionamiento potencia sus diferencias con él y, además, refuerza una narrativa de identidad y raíces peruanas que podría funcionar bastante bien.

    Al margen de las simpatías o antipatías que puedan despertar Mendoza y sus recalcitrantes veroliebers, se debe saludar que lo que queda de la izquierda haya superado sus dramas internos y empiece a enfocarse. Al margen de las diferencias ideológicas que uno pueda tener con ellos, pocas cosas resultan más nocivas para una sociedad que el sometimiento a un discurso único, que es lo que nos traen los candidatos punteros y la abismal mayoría de medios. 

    Las campañas de Barnechea y Mendoza habrán triunfado si salen de su marasmo veraniego y colocan en la agenda ‘massmediática’ –más allá de las redes– debates alrededor del TPP, el precio de los medicamentos, las prebendas de la Iglesia Católica, las pensiones de vida, los privilegios para las industrias extractivas o los desaparecidos durante el senderismo. Todos esos temas casi no se discuten públicamente si no es para tratar al disidente de “comunista” o “caviar”. Las elecciones también son la oportunidad de airear la casa y escapar del monopolio ideológico. Y, de paso, remontar la valla, claro.