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Trapo
Un peruanismo útil para explicar las contradicciones del ministro Pérez Reyes.
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Resumen
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En esta pequeña columna somos hinchas de los peruanismos. Esto es, de los neologismos y modismos que forman parte del particular modo de hablar el castellano que tenemos por estos lares. Ellos representan una forma original de describir el mundo, dándole muchas veces nombre a lo que hasta ese momento era solo una percepción difusa de un fenómeno de nuestra realidad.

La voz “pastrulo” y su derivación “pastrulada”, por ejemplo, no son traducibles por ningún otro vocablo de la rica lengua de Cervantes. Evocan nociones semejantes a las que transmiten los adjetivos “descabellado”, “artificioso” o “truculento”, pero ni sumando el significado de todos esos atributos conseguiríamos comunicar con exactitud el sentido de ese glorioso peruanismo. La formulación del argumento de la “denegación fáctica de la confianza” para cerrar el Congreso en el 2019, por citar un caso, fue una pastrulada. Y si no dispusiéramos de ese término, no tendríamos cómo referirnos a ese episodio vituperable con el desdén que corresponde.
Por otra parte, resultan muy útiles también para bautizar trances únicos de la vida nacional los giros locales que combinan el verbo “estar” con un predicativo, como “estar chihuán” o “estar trapo”. No se trata de meros circunloquios para decir que una persona está sin fondos o cansada, sino de modos idiosincráticos de presentar versiones extremas de aquello. “Estar chihuán” es estar literalmente en la última lona y “estar trapo” es andar con el cuerpo estrujado por la extenuación. Pues bien, toda esta reflexión viene a cuento para explicar por qué necesitamos echar mano de este último modismo para analizar lo sucedido esta semana con el ministro de Economía, Raúl Pérez Reyes y su postura con respecto al octavo retiro de fondos de las AFP (aprobado este jueves en el Congreso).
–Muñeco alicaído–
Como se sabe, el ministro se manifestó inicialmente en contra del retiro por el impacto negativo que tendría en las pensiones de los trabajadores cuando les llegase la edad de la jubilación. Pero pocos días después, tras una declaración pública de la presidente Boluarte a favor de la medida, salió a decir que el MEF también la apoyaba y que eso no suponía cambio de posición alguno… La indignación general fue inmediata. “¡Qué vergüenza!”, clamaban los analistas políticos entrevistados por la prensa. “¡Ha debido renunciar y, en lugar de eso, ha dejado que lustren el piso con él!”. Y también: “¡Eso no es un ministro; es un muñeco!”. Condenas, en fin, que daban por hecho que el hombre había apechugado con la humillación de su jefecita para conservar el fajín.
Lo cierto, sin embargo, es que lo sucedido admite otra interpretación. Pocos recuerdan que el año pasado, cuando era titular de Transportes y Comunicaciones y se produjo una crisis de vuelos cancelados en el aeropuerto Jorge Chávez, Pérez Reyes fue citado a la Comisión de Defensa del Consumidor del Congreso y no acudió argumentando sencillamente que estaba “muy cansado”. En ese entonces, la indignación ante su respuesta también fue grande, pero nosotros pensamos que aquella fue una voz de alarma que la ciudadanía no supo escuchar. ¿No sería acaso posible que este pobre funcionario venga arrastrando desde hace tiempo un agotamiento cognitivo que ahora le impide darse cuenta hasta de la flagrante contradicción en la que ha incurrido? Trabajar para este gobierno y esta mandataria, después de todo, es como para sacarle canas al más pintado. De ahí, precisamente, que tantos miembros del actual gabinete recurran a un tinte que nada tiene que envidiarle al que pringa la testa del “Lagarto”.
Pero ese no es el caso de Pérez Reyes, que luce orgullosamente su cabellera gris y solo está alicaído fatigado, exhausto. En una palabra, trapo.
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