Por Maria Fe Maldonado

Las heridas del pasado son cargas emocionales, ajenas a nosotros, es decir, ajenas a nuestra autenticidad; que vamos asumiendo como “nuestras” en el momento en que se forman, en el momento que ocurre el episodio traumático, por así decirlo, que de alguna manera “roban” parte de nuestra autenticidad, de nuestra energía inicial, y a su vez, nos “nutren” o “contaminan” mejor dicho, de energía que no nos pertenece.