Redacción EC

La casualidad, o el destino, quiso que el Chapecoense y el Atlético Nacional compartieran colores y hoy esta ciudad del sur de Brasil es más verde y blanca que nunca, unida en el recuerdo a los que se fueron antes de disputar con sus 'hermanos' el duelo que les robó la tragedia.



Cuatro meses después de la cita a la que nunca llegó el 'Furacao', ambos deciden desde las 5:15 p.m. una Recopa Sudamericana de la que a pocos interesaba el resultado.

Lo que importaba eran los pasos firmes por el gramado del exarquero Follmann con su prótesis, la agilidad recuperada de Ruschel, el tesón de Neto y la voz enérgica del periodista Rafael Henzel -los cuatro supervivientes brasileños de la tragedia aérea-, agradeciéndole a Medellín y a la vida el estar de regreso. 

El Arena Condá se llenó para aplaudir emocionada y de blanco a los representantes de esta ciudad colombiana que este martes volvió a ser brasileña. El fútbol, vendría después. 

Como quien no aguanta más callado, Chapecó sacó en estos días toda la gratitud que no había podido dar en persona por la ayuda que le llegó de Colombia cuando nada tenía sentido, en los días negros que siguieron a la noche del 28 de noviembre, cuando el avión donde viajaba su equipo a la final de la Copa Sudamericana se estrelló en las montañas de Medellín. 

Murieron 71 personas y el tiempo se detuvo en esta ciudad guerrera, que aún lucha por levantarse del todo. 

"No esperen a que un avión se caiga para decir 'te quiero', para pedir perdón, para dar un abrazo, para dar un beso", afirmó Neto al dirigirse a una hinchada que ve en él, y en la milagrosa recuperación sus compañeros supervivientes, el camino a seguir para nunca bajar los brazos.

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