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Liderar también es decir “no”
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En el mundo corporativo, pocas palabras generan tanto peso como un “no” bien dicho. Detrás de esas dos letras, se puede detener un proyecto que parecía prometedor, frenar una alianza atractiva o redefinir prioridades estratégicas. A simple vista, puede parecer una pérdida de oportunidad, pero en realidad, suele ser una de las expresiones más claras de liderazgo y visión a futuro.

Vivimos en una era de inmediatez, donde se premia aceptar rápidamente cada oportunidad y avanzar sin pausa. Sin embargo, el verdadero liderazgo no está en todo lo que sumamos, sino en aquello que tenemos la firmeza de rechazar. Decir “no” no es renunciar; es proteger el rumbo, priorizar lo esencial y cuidar la integridad de las decisiones.

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Maro Villalobos

Es importante reconocer que muchas veces los recursos —tiempo, talento, capital— con los que contamos son finitos. Cuando aceptamos todo lo que llega a nuestra mesa, corremos el riesgo de perder nuestra capacidad real de ejecución. Una propuesta puede parecer atractiva a primera vista, pero es necesario analizar a profundidad e identificar si realmente es el momento adecuado para hacerla realidad. Aquí es donde decir “no” se convierte en un acto de responsabilidad y, sobre todo, de cuidado estratégico.

Claramente esto no es un acto sencillo. Negarse puede llegar a incomodar, generar dudas, desmotivación, resistencias e incluso críticas. Para llevar a cabo este proceso, el liderazgo resulta fundamental puesto que permitirá establecer criterios claros, comunicar con honestidad, alinear a los equipos y ser consistentes con los objetivos. Cuando el “no” es explicado y coherente, se transforma de obstáculo a señal de confianza.

Decir “no” no es limitarse, es ganar claridad. Cuando las organizaciones distribuyen sus esfuerzos en demasiados frentes, la estrategia puede dispersarse, la ejecución comprometerse y los resultados diluirse. En cambio, concentrar energías en cierto número de prioridades no es una limitación, sino una muestra de liderazgo consciente, resiliente que prioriza la ejecución y la consecución de resultados. Esta decisión fortalece la claridad estratégica, enfoca al equipo y construye una cultura íntegra y coherente. En un mundo cambiante y competitivo, esta capacidad es una ventaja que impulsa el crecimiento sostenible y la creación de valor a largo plazo.

Al final del día, liderar no significa solo abrir puertas, sino elegir con firmeza cuáles valen la pena cruzar. Y, muchas veces, la decisión más visionaria no está en un “sí” apresurado, sino en un “no” a tiempo que prepara el terreno para los grandes logros.

José Luis Cordano Country Manager en Perú de SURA Investment

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