Se ha venido señalando que el entorno internacional podría tornarse más retador con el gobierno entrante en los Estados Unidos debido a los impactos negativos que tendrán las medidas proteccionistas, migratorias y fiscales que eventualmente implementaría. Se anticipa que, a corto plazo, inducirán más inflación, tasas de interés más elevadas y un dólar más fuerte. A mediano plazo, se prevé un menor crecimiento mundial como resultado de una reducción del comercio, el deterioro de las cadenas de valor y flujos de inversión determinados por el ‘nearshoring’ y el ‘friendshoring’ más que por la rentabilidad. Los países optarán por la resiliencia económica en lugar de la eficiencia.