Se ha venido señalando que el entorno internacional podría tornarse más retador con el gobierno entrante en los Estados Unidos debido a los impactos negativos que tendrán las medidas proteccionistas, migratorias y fiscales que eventualmente implementaría. Se anticipa que, a corto plazo, inducirán más inflación, tasas de interés más elevadas y un dólar más fuerte. A mediano plazo, se prevé un menor crecimiento mundial como resultado de una reducción del comercio, el deterioro de las cadenas de valor y flujos de inversión determinados por el ‘nearshoring’ y el ‘friendshoring’ más que por la rentabilidad. Los países optarán por la resiliencia económica en lugar de la eficiencia.
Será difícil que alguna economía no se vea afectada por estas acciones, pero aquellas con cuentas externas relativamente sólidas podrán enfrentar mejor un deterioro de su resultado comercial o una caída de los capitales externos. Por ello, resulta pertinente analizar las cuentas externas, las que incluyen: (i) los flujos comerciales (exportaciones netas de importaciones, o la “cuenta corriente de la balanza de pagos”) y financieros, y (ii) variables stock (saldos de activos y pasivos externos).
¿Cómo están las cuentas externas de la economía peruana? Por el lado comercial, Perú tiene un superávit (en 2024 habría sido algo mayor al 2% del PBI). De acuerdo a la contabilidad macroeconómica, el resultado comercial (exportaciones menos importaciones) es igual a la diferencia entre el ahorro nacional y la inversión total. Si el país registra un superávit comercial, el ahorro nacional excede la inversión, por lo que no depende de los capitales externos para financiarla. A corto plazo, esto viene bien en un entorno internacional volátil. Sin embargo, tener superávits comerciales sostenidos no es un objetivo de política económica en sí, ya que puede estar reflejando un bajo nivel de inversión. Efectivamente, además de una coyuntura favorable para los precios de los ´commodites´ que Perú exporta, el superávit comercial también se explica porque la inversión total de la economía (como porcentaje del PBI) ha venido cayendo en los últimos años y, por lo tanto, las importaciones de bienes asociadas con la inversión han disminuido.
Por el lado de las variables stocks, la posición deudora neta de Perú es relativamente baja (equivalente al 35% del PBI). Más aún, la composición de los activos y pasivos externos revela que los primeros son muy líquidos (buena parte son las reservas internacionales que administra el Banco Central) y los segundos son, principalmente, de mediano y largo plazo.
Finalmente, cabe agregar que, según estimaciones de BBVA Research, el stock de deuda externa neta de 35% de la economía peruana se puede estabilizar con un déficit en la cuenta corriente de 1,7% del PBI. Dado que actualmente la cuenta corriente es superavitaria en 2% del PBI, esta diferencia otorga cierto margen de maniobra para enfrentar escenarios externos más complicados. Hacia adelante, fortalecer el ahorro público apuntalaría el ahorro nacional y mantendría acotada las necesidades de financiamiento externo para la inversión en un entorno de incertidumbre global que podría motivar una reducción de influjos de capitales hacia los mercados emergentes.