José Agustín de la Puente Candamo fue considerado como uno de los grandes nonagenarios del país. También fue abogado, maestro universitario, genealogista y más. (Hugo Pérez/Archivo El Comercio)
José Agustín de la Puente Candamo fue considerado como uno de los grandes nonagenarios del país. También fue abogado, maestro universitario, genealogista y más. (Hugo Pérez/Archivo El Comercio)

El pasado 5 de febrero falleció el gran historiador José Agustín de la Puente Candamo a la edad de 97 años. De su fructífera vida, 68 años los entregó a la enseñanza e investigación universitaria. Cuando se retiró de sus clases presenciales en la PUCP por motivos de salud quiso continuar con su labor docente. Consideró que podía hacerlo desde su casa registrando sus clases en video. Tuve el honor de ser convocado para dirigir la filmación en la casa Orbea de Pueblo Libre, su residencia de toda la vida. Solo pudimos grabar tres clases sobre la Independencia del Perú porque su quebrantada salud no le permitió continuar.

Estos son mis apuntes sobre algunas de las ideas centrales que el doctor José Agustín de la Puente brindó en su última lección, filmada en agosto de 2016, a la que pude asistir como espectador privilegiado.

La Historia es omnipresente

La introducción al curso de Historia del Perú podría comenzar con una ingenua o atrevida interrogante: ¿por qué estudiamos historia?

La Historia es parte de nuestra vida y, por otro lado, todos tenemos una historia. Ella responde a las preguntas centrales sobre nuestro origen. El filósofo español Xavier Zubiri decía que nunca lo que alguna vez fue, desaparece completamente. Pertenece al pasado, pero vive. El pasado nunca muere, subsiste, en forma distinta, pero está presente”.

¿Qué le puede enseñar la Historia a quien está leyendo estos apuntes? Le dice por qué pertenece a determinada nación o por qué tiene determinadas costumbres. La Historia nos explica mucho de nuestra vida. Si no la estudiáramos ignoraríamos muchísimo de nosotros mismos y eso sería grave. Con ella nos conocemos mejor. La Historia está en todo: en la estatua del parque, en el plato de comida, en el espectáculo de teatro, en el camino, en la fiesta, en el funeral. Todo tiene una entraña que viene de la Historia y va hacia la Historia.

"José Agustín de la Puente Candamo, siempre ha afirmado que su vocación por la historia nació en las tertulias familiares de sobremesa durante su infancia". (Ilustración: Víctor Sanjinez)
"José Agustín de la Puente Candamo, siempre ha afirmado que su vocación por la historia nació en las tertulias familiares de sobremesa durante su infancia". (Ilustración: Víctor Sanjinez)

La independencia del Perú fue una guerra civil

El Perú ya existía antes de la independencia, por eso se separa de España. El Perú es el fruto de una larga historia que termina transitoriamente en la independencia y se transforma en la República.

La independencia fue una guerra, pero no solo una guerra. Fue una actitud de los espíritus. La gente se adhirió a una causa. Se puede considerar, aunque se aceptan opiniones contrarias, que la independencia es una expresión de guerra civil. ¿Qué es una guerra civil? Es un enfrentamiento de los propios hijos, un desgarramiento de la sociedad. La guerra civil está en la entraña de la independencia. Hubo peruanos que la querían; otros que no. En una misma familia, el padre podía ser favorable a España y la esposa no. Y entre los hijos podía haber una tercera opinión.

Una prueba es el acta de la independencia que se firmó en la municipalidad o en el Cabildo, como se le conocía en ese tiempo. El acta manifestó la voluntad de los peruanos de separarse de España. Hubo peruanos firmantes de origen español. El alcalde de Lima, Isidro de Cortázar, era un vasco y firmó el acta siendo español. Así también el arzobispo de Lima, Bartolomé María de las Heras, nacido en Carmona, Andalucía, firmó.

Otro ejemplo lo podemos ver en la Batalla de Ayacucho donde hubo cerca de 4.000 peruanos que pelearon por el rey de España y otros tantos que lucharon contra el rey. La independencia no fue una guerra entre el Perú y España. Fue una guerra entre nosotros mismos. Manifestaba una adhesión a esta tierra, pero vista de formas distintas hasta en una misma familia o institución.

"La independencia fue una guerra, pero no solo una guerra. Fue una actitud de los espíritus. La gente se adhirió a una causa. Se puede considerar, aunque se aceptan opiniones contrarias, que la independencia es una expresión de guerra civil"
"La independencia fue una guerra, pero no solo una guerra. Fue una actitud de los espíritus. La gente se adhirió a una causa. Se puede considerar, aunque se aceptan opiniones contrarias, que la independencia es una expresión de guerra civil"

El carácter americano de la independencia del Perú

Nos separamos de España porque nos entendíamos distintos y porque entendíamos que formábamos una realidad social distinta a la península ibérica. Era una sociedad independiente del rey de España. La independencia fue el fruto de la vida de muchos siglos, no fue un capricho o la obstinación de una persona. Era una sociedad distinta a la de España, aunque perteneciera legalmente al reino español. Ese ser distinto es lo que nos lleva a la independencia. El origen de esta guerra civil merece respeto porque es la expresión de una íntima vinculación con la tierra y con su historia.

La independencia del Perú fue americana en su realización, no peruana en sentido estricto. Bolívar dijo: “¿qué somos nosotros? No somos españoles, no somos aborígenes, somos americanos.” Tuvieron nombres distintos: peruanos, venezolanos, argentinos, pero todos con el mismo apellido: americanos.

El carácter americano es muy interesante. El primer canciller del Perú no fue un peruano; fue un colombiano: Juan García del Río. El primer ministro de guerra fue un argentino: Bernardo Monteagudo. Del primer gabinete peruano (solo había tres ministerios) solo uno lo era, Hipólito Unanue, ministro de Hacienda. Se entendía aquello porque la tarea era común. Era la tarea americana.

Las primeras tropas de los países independientes tenían oficiales que habían servido antes en los ejércitos del rey, como el caso de Ramón Castilla. Muchas de las autoridades de los primeros tiempos republicanos habían servido al régimen virreinal en épocas anteriores. Otro ejemplo que se puede mencionar es el de Hipólito Unanue. Parece una contradicción, pero no lo es. La independencia es fruto de la historia del Perú.

Hipólito Unanue, precursor de la independencia del Perú. (Foto: "Wikimedia":https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:HipolitoUnanue.jpg)
Hipólito Unanue, precursor de la independencia del Perú. (Foto: "Wikimedia":https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:HipolitoUnanue.jpg)

Una nueva sociedad: la peruana

El Perú, tal como lo entendemos hoy, nació a partir del siglo XVI. La sociedad peruana, española e incaica al mismo tiempo, mestiza, fue fruto de lo español y de lo inca. El mestizaje está en la semilla del Perú. Los españoles y los incas fueron los padres de una nueva sociedad, distinta a la española y distinta a la inca.

Los independentistas no vieron al inca, pero lo que vivieron fue fruto del imperio incaico y de la cultura europea. Los incas fueron víctimas de la conquista española, pero la conquista española llevó a una realidad distinta de la española. La alimentación presenta un buen ejemplo. La naranja, la gallina, el caballo, el buey, llegaron de España. Se transformó la realidad. Nació una nueva realidad con la conquista: la comida, la ropa, las casas, la moneda, el libro. Nació una nueva sociedad, un conjunto de proyectos; nació una forma de ser que antes no existía.

Esta nueva forma de ser fue evolucionando con el tiempo.

La nueva forma de ser Perú

Nace una sociedad que es fruto de la historia, y que asume la forma de República. Se trató de un conjunto de fenómenos y de vivencias que llevaron a la emancipación.

Hubo dos hitos. El primero, el de los precursores. Los que vislumbraron la independencia. No vivieron la independencia, pero la quisieron y trabajaron por ella. Representan las raíces de la independencia. El segundo hito es el de los libertadores, cuyo tiempo se inicia con la llegada de San Martín.

San Martín no aporta la idea de la independencia, sino los medios para hacer realidad una idea que había nacido aquí, como había nacido también en Chile y en el Río de la Plata. No cabe hablar de la independencia concedida; la independencia fue ganada por los peruanos, en un contexto de guerra civil. Algunos la querían, otros dudaban, otros estaban en contra.

Desde Trujillo hasta Guayaquil se declaró la Independencia sin una batalla; no se disparó un solo tiro. Trujillo, Piura, Tumbes y Cajamarca proclamaron su independencia como un acto espontáneo.

Lo que sucedió en Piura nos grafica bien el momento. En el atrio de la iglesia de San Francisco, que aún existe, se formó una multitud a favor de la independencia. Al poco tiempo llegó una tropa realista para disolver la reunión y terminó uniéndose a la independencia. San Martín vino porque había mucha gente que quería la independencia. Aunque otros no la querían. Era importante la independencia del Perú para la independencia de América. Así se consolidaba la independencia del continente en los diversos aspectos de la vida.

Conclusión

Después de la batalla de Ayacucho el imperio español quedó reducido a Cuba, Puerto Rico y las islas Filipinas. Se había quebrado el imperio en muy poco tiempo. Por eso la historia de la independencia no es la historia del Perú sino de Hispanoamérica.

Con la independencia se separa de España una realidad llamada Perú. Que tiene historia propia, humana y socialmente; que tiene consistencia, naturaleza propia, y que se emancipa por servicio a ella misma. Ese es el origen de la República del Perú.

*Luis Enrique Cam es cineasta e investigador histórico.