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El lenguaje del kené parece habitar en la mente de Olinda Silvano. Ella recuerda que era muy niña cuando recibió de su abuela el piri piri, esa planta medicinal y mágica, y pudo ver flotar en el ambiente cientos de líneas perfectamente geométricas y brillantes. Ese recuerdo la acompaña hasta hoy. Por eso, en la sala del Museo de Arte de Lima, donde se exponen más de treinta obras suyas, Olinda abre los brazos y exclama: “Mi kené viene de mí, de mi pensamiento… y yo quiero que siempre brille… ¡Que brille tanto como el Sol o como la Luna!”.
El lenguaje del kené parece habitar en la mente de Olinda Silvano. Ella recuerda que era muy niña cuando recibió de su abuela el piri piri, esa planta medicinal y mágica, y pudo ver flotar en el ambiente cientos de líneas perfectamente geométricas y brillantes. Ese recuerdo la acompaña hasta hoy. Por eso, en la sala del Museo de Arte de Lima, donde se exponen más de treinta obras suyas, Olinda abre los brazos y exclama: “Mi kené viene de mí, de mi pensamiento… y yo quiero que siempre brille… ¡Que brille tanto como el Sol o como la Luna!”.
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Nacida en la comunidad nativa de Paoyhan, en el Bajo Ucayali, la artista afirma que el kené que ella practica proviene de esta región y es diferente al que realizan otros pueblos de la nación shipibo konibo. “Para mí el kené es la memoria de nuestros ancestros y representa nuestras raíces —dice—. También representa a nuestra comunidad y a nuestras costumbres. También al conocimiento que dan las plantas medicinales, tanto la ayahuasca como el piri piri, el floripondio y otras plantas más”.
Y como telón de fondo de estas prácticas y saberes están los mitos: la piel de la anaconda que hipnotiza o las fascinantes escamas de la sirena varada en la playa del río. Diseños míticos que las mujeres de la nación shipibo konibo supieron reproducir en sus telares y bordados y que, en los últimos años, se han convertido en una de las expresiones más difundidas y relevantes del arte indígena contemporáneo.

Memoria visual
En el segundo piso del Museo de Arte de Lima, en la sala 29, se abre la exposición Nokon kenera jatibian biribirishamanai, “mi kené brilla al mundo”, que reúne un conjunto de obras (pintura, bordado, escultura y animación digital) que resume la trayectoria que ha seguido Olinda Silvano, desde su llegada a la comunidad nativa de Cantagallo, en Lima, a inicios de este siglo. El primero de los trabajos expuestos se titula “Historias de la selva y la ciudad” y es una tela pintada con óleo, tintes naturales y aplicaciones de bordado, que Silvano realizó, en 2013, en colaboración con la artista limeña Julia Ortiz.
“En ese momento yo no sabía que era artista —cuenta Olinda Silvano— solo era una mujer que había migrado a Lima para sacar adelante a su familia en nuestra comunidad de Cantagallo. Julia Ortiz me conectó con el profesor César Ramos, antropólogo y curador, y empezamos a hacer nuestra historia. Nos agarramos de la mano y dijimos: ‘hagamos la conexión para poder contar nuestras vidas, como mujeres”.
En el centro de esta obra destacan los rostros de dos personajes masculinos, y alrededor de ellos giran como en un vía crucis diversas escenas cotidianas. “Yo cuento mi historia —prosigue Olinda— pues antes de ser artesana y bordadora, también fui pescadora. Me gustaba flechar. En esta otra parte, estoy llegando a Lima, y en esta otra estoy ya como lideresa, empoderando a las mujeres…”.

Para la curadora de la exposición, María Eugenia Yllia, esta obra es importante porque marca la incursión de Olinda Silvano en el circuito del arte contemporáneo. “Es una suerte de obra catártica de dos mujeres que se han reconocido en un dolor muy personal —dice—, porque ambas pierden violentamente a sus padres. Hay una carga emocional muy fuerte que nos habla de la migración, la discriminación, todo eso, pero podemos encontrar también el uso de técnicas muy propias de Olinda como son el bordado, la tela teñida de caoba, las semillas, en diálogo con el óleo trabajado por Julia Ortiz”.
Hacia una voz propia
Como puede verse en la primera parte de la exposición (lado izquierdo de la sala), la trayectoria de Olinda Silvano ha estado marcada por una serie de obras realizadas de manera conjunta con otros artistas del circuito local, como Harry Chávez, Augusto Ballardo o Pepe Corzo, con quien presentó una serie de animaciones inspiradas en el kené. Entre estos trabajos, destacan las obras realizadas con el colectivo de mujeres muralistas Soi Noma y la escultura “30.024 millones de kilos”, de la serie Descosiendo la República. Una pieza, realizada en diálogo creativo con la artista Carolina Estrada, que simula el busto de un prócer de la independencia, pero hecho con materiales propios de sectores invisibilizados, con la incorporación del kené, las semillas de huayruro y las bolsas de rafia.
Todo este trabajo colaborativo, le permitió a Olinda Silvano ir definiendo una voz propia, distinta y original. En el sector derecho de la sala, sobresalen sus obras individuales, realizadas entre 2025 y 2026, en las que incursiona en el uso del pan de oro, el pan de cobre y el pan de plata para hacer relucir mucho más sus geométricos, mágicos y terapéuticos diseños.
“Con esta exposición buscamos que la gente conozca cuál es el camino que ella ha seguido y quiénes han sido y son los agentes, artistas, curadores, que han contribuido a que su obra alcance niveles tan importantes no solo en el Perú, sino también en el extranjero”, reflexiona María Eugenia Yllia.
Por su parte, Olinda Silvano destaca las capacitaciones recibidas en el taller-galería Río Corrientes, de Barranco. “Mi vida es aprender y siempre estoy buscando cómo innovar, cómo crear, cómo jugar con el kené”, añade. “A mí me gusta cantar y brillar”, dice y su canto rompe, de pronto, el silencio de la sala. Su voz se alza sonora y aguda en la interpretación de un ícaro, que la transporta a las sesiones chamánicas de su infancia. A ese tiempo en que su abuelita la hacía recostarse en un árbol para ver las estrellas, mientras ella, en la tierra, iba dibujando con sus dedos esos intrincados patrones geométricos que salían de su imaginación.
En las obras más recientes de Silvano, destacan composiciones de geometría y colores vibrantes que amplían su lenguaje visual.
Este proyecto expositivo pone en valor el kené como expresión viva de la cultura amazónica.
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