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Quiso ser científico pero ante la falta de orientación se metió a ingeniero. Sin embargo, la vida de Aldo Bartra (Trujillo, 1981) no se alejaría mucho de la ciencia. Comunicador por consejo de su tío, creció cerca de libros, de revistas científicas, leyendo los textos que Tomás Unger publicaba en El Comercio y viendo el programa “Cosmos” de Carl Sagan. Ya casado y tras mudarse a Nueva Zelanda, empezó a crear videos para YouTube sobre su afición. Hace 10 años, el video “¿Qué pasaría si la Tierra fuera del tamaño de Júpiter?”, reproducido 5,6 millones de veces, le reportó miles de seguidores que llegaron por curiosidad y que se quedaron en su canal, “El Robot de Platón”. Ganador del Premio Luces 2026 a Contenido digital / Mejor contenido cultural, acaba de lanzar el libro “Preguntas que no te dejan dormir” (Debate, 2026).
Quiso ser científico pero ante la falta de orientación se metió a ingeniero. Sin embargo, la vida de Aldo Bartra (Trujillo, 1981) no se alejaría mucho de la ciencia. Comunicador por consejo de su tío, creció cerca de libros, de revistas científicas, leyendo los textos que Tomás Unger publicaba en El Comercio y viendo el programa “Cosmos” de Carl Sagan. Ya casado y tras mudarse a Nueva Zelanda, empezó a crear videos para YouTube sobre su afición. Hace 10 años, el video “¿Qué pasaría si la Tierra fuera del tamaño de Júpiter?”, reproducido 5,6 millones de veces, le reportó miles de seguidores que llegaron por curiosidad y que se quedaron en su canal, “El Robot de Platón”. Ganador del Premio Luces 2026 a Contenido digital / Mejor contenido cultural, acaba de lanzar el libro “Preguntas que no te dejan dormir” (Debate, 2026).
— Hay un dato curioso que encontramos en el archivo: tú naciste en el 81, el mismo año que Tomás Unger empezó a publicar sus columnas en El Comercio...
Anda, no sabía. La página de ciencia era la única sección que leía en los periódicos. Mi tío también me decía: “de repente, puedes ser un periodista dedicado a la ciencia”. Pero no hay esa especialidad en el Perú. Tienes que irte a estudiar esa especialidad a otro lado, sacar un diplomado. No existían los caminos que me llevaran a hacer lo que hago ahora. Pero nunca dejé de lado la ciencia. Cuando apareció YouTube me hice un adicto a los videos de ciencia. En Nueva Zelanda, veía esos videos muy distintos a los documentales de National Geographic o Discovery. Era una persona como tú o yo que contaba lo que había aprendido. Era diferente y me llamó mucho la atención. En español no había ese tipo de contenido, solo canales de conspiraciones y misterios: “la mentira más grande del universo, los misterios más grandes” y ponían cada tontería... La gente en los comentarios decía: “acá aprendo más que en la escuela”. ¿Cómo era posible que aprendieran con estos videos? Ahí fue cuando decidí hacer algo.
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— En tu libro hay preguntas como ¿Por qué no hacemos barcos gigantes que vayan tan rápido como los aviones? o ¿Por qué se puede viajar al futuro pero no al pasado. ¿De niño te hacías esas preguntas?
La verdad que sí. Era muy curioso y a falta de Internet intentaba buscar información en las enciclopedias. Tuve la suerte de tener un papá que leía mucho y tenía una biblioteca muy grande. Me perdía en estos libros intentando buscar respuestas. Recuerdo que tenía “El gran libro de preguntas y respuestas de Charlie Brown”, y “El libro del porqué”. Todo eso compraba mi papá, y se lo agradezco. No dejó morir mi curiosidad.
— Y la ciencia siempre empieza con una pregunta.
Así es. La ciencia empieza con preguntas y también ama los misterios. A veces, piensan que yo estoy en contra de los misterios y las conspiraciones. La ciencia se nutre de los misterios. Pero no. Estoy en contra de los canales que se enfocan en hacer de eso un negocio. Cuando tú haces un negocio de esto, si se acaban las conspiraciones conocidas tienes que seguir inventándote otras. ¿Por qué crees que un programa como “Alienígenas ancestrales” tiene 22 temporadas? ¿Qué más van a sacar si ya lo han exprimido todo? Pero lo hacen porque venden. Saben que a la gente le gusta este tipo de temas. Ahí tenemos una desventaja.
— Cuando hablamos de ciencia, no hay preguntas tontas.
No hay preguntas tontas. Incluso si lees mi libro verás por qué no hay nubes cuadradas. De esas preguntas tontas puedes sacar un montón de cosas interesantes.
— ¿Te sientes un bicho raro entre tantos desinformadores?
No. Cuando empecé éramos pocos divulgando ciencia en redes sociales. Ahora somos un montón. Me da mucho gusto que algunos sean muy populares. Están en TikTok, en Instagram, en todas las plataformas. Cuando empecé solo había YouTube. Sé que hay mucha gente que tiende a creer en la pseudociencia, esa comida chatarra del conocimiento. Los misterios y conspiraciones son fáciles de entender. ¿Por qué piensa la gente que la tierra es plana? Porque les mandan un video súper arreglado con música tenebrosa que engaña. Un tipo en su sótano buscando errores en los videos oficiales, intentando dar una explicación más fácil de digerir que una respuesta científica. El trabajo del divulgador científico es hacer la ciencia popular.
— Tu libro tiene varios momentos de humor. No hay capítulo donde no haya un pequeño chiste, como sucede en tu canal. ¿El humor abre las puertas de la ciencia a la gente?
Sí, pero no es necesario. Vivimos en una sociedad de entretenimiento donde uno tiene que adaptarse. El entretenimiento no necesariamente es hacer chistes. Hay muchos divulgadores científicos de éxito que no sueltan las chorradas que puedo decir yo. Es una cuestión de estilo. Por ejemplo, la chilena Teresa Paneque está haciéndolo muy bien en redes y es científica. Ha recibido el premio internacional de la mejor divulgadora del mundo. Pero su lenguaje no es como el mío. Ella es muy activa, habla muy rápido, sabe muy bien cómo comunicar la ciencia. Se trata de ser entretenido y saber captar la atención. No de matarlos de la risa.

— Entiendo que mucha gente se emocionó más por la ciencia al haber visto el lanzamiento del Artemis II, el programa que te invitó a la NASA. ¿A ti qué te inspira?
Lo que yo tengo es un ansia de conocimiento, de entender cosas. La ciencia justamente hace eso, te ayuda a entender y desvelar los misterios que esperan ser descubiertos. La ciencia es la única que nos puede dar la respuesta. Y eso es inspirador. El Proyecto Artemis II motivó un “boom” en las personas. Tú puedes ver los directos de la NASA: había cientos de miles de personas conectadas. Te das cuenta que la curiosidad está ahí.
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— Tú soñabas con ser científico. He visto notas periodísticas donde te presentaban como científico.
Hay una falta de cultura científica no solo en el Perú. Los divulgadores científicos no tienen que ser científicos, simplemente tienen que entender temas de ciencia pata hacerlos públicos y comprensibles. Es raro que un científico pueda ser un buen divulgador científico porque suele estar muy concentrado en su trabajo y le cuesta explicarlo al común de la gente. Pueden obviar partes de su explicación porque asumen que el público debería saberlo. Yo, como soy ignorante, me pregunto todo. Esa es mi ventaja. Escribo el guion para un video y en cada párrafo me pregunto por qué. No asumo que la gente vaya a saberlo.
— Siempre que se habla de ciencia, se termina hablando de educación. ¿Tienes esperanza en la educación en el Perú?
Hasta hace unos años podría decirte que no tenía mucha esperanza, no veía cambios. Y los jóvenes tampoco tenían acceso a las plataformas, solo tenían los medios tradicionales. Pero ahora puedes escoger el menú. Y hay mucha gente que se está acercando a la ciencia gracias a ello. A mí me siguen abogados, contadores, personas que no tienen nada que ver con la ciencia, pero que sienten amor por el conocimiento. Cuando empiezas a entender lo importante que es la ciencia, pueden hacerse muchos cambios, ya sea en la legislación, para fomentar la investigación, para revolucionar el sistema educativo.
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