Hasta que la vida los separe. De izquierda a derecha, utorretratos de Vincent Van Gogh y Paul Gauguin, quienes fueron amigos... por un tiempo. Fotos: AFP.
Hasta que la vida los separe. De izquierda a derecha, utorretratos de Vincent Van Gogh y Paul Gauguin, quienes fueron amigos... por un tiempo. Fotos: AFP.
Ricardo Hinojosa Lizárraga

Ahora algo que le interesará… hemos hecho algunas excursiones a los burdeles y es probable que eventualmente vayamos allí con frecuencia a trabajar” le escribieron dos artistas que, en aquellos días, aún disfrutaban de una entrañable amistad, a su amigo mutuo Emile Bernard, también pintor, sobre sus rutinas nocturnas en esa pequeña joya ubicada al sur de Francia conocida como Arlés, donde en poco tiempo cimentarían la agridulce relación que los uniría.

Vincent Van Gogh y Paul Gauguin se habían reunido allí hacía apenas una semana, pero retomaron de inmediato la buena sintonía que habían tenido al conocerse en París casi un año antes, en 1887. Intercambiaron autorretratos, vivieron juntos, pintaban juntos y juntos, también, se iban de paseo a los burdeles del lugar. “En este momento Gauguin está trabajando en un lienzo sobre el mismo café nocturno que yo también pinté, pero con figuras vistas en los burdeles. Promete convertirse en algo hermoso”, agrega Van Gogh en la misma carta a Bernard, que ha pasado a la historia como la única escrita a mano por ambos artistas durante las poco más de 8 semanas que vivieron juntos. Un periodo que tuvo tanto de intenso y agitado como de tormentoso. Hoy, esa carta acaba de ser subastada por la casa Drouot y vendida por 210 mil 600 euros (unos 236 mil 500 dólares) a la Fundación Vincent Van Gogh que la exhibirá en su museo de Ámsterdam, aunque también cuenta con una sede en Arlés.

Bernard, que tenía apenas 20 años en aquel entonces –a diferencia de sus colegas: Van Gogh (35) o Gauguin (40)-, tenía coincidencias con ambos en el cloisonismo, un estilo postimpresionista desarrollado por él, que utiliza colores planos en determinadas áreas, perfectamente delimitadas por bordes oscuros. Quizás, tan oscuros como la propia sicología de dos artistas que no terminaban de encontrarse en la sociedad.

Por aquel tiempo, en medio de sus constantes carencias, Van Gogh soñaba con la realización de un sueño: establecer una colonia de artistas, tan outsiders como ellos, en Arlés. Se llamaría “Estudio del Sur”. La llegada de Gauguin allí era el primer paso. Bernard también era esperado. Por eso, la carta recién subastada tiene descripciones detalladas no solo de sus conversaciones sobre el futuro del arte, un tema sobre el que reflexionaban a diario, probablemente embriagados en absenta, brandy o vino, sino también acerca de los sucesos lúdicos que alegraban su rutina. Como pacto inicial, intercambiaron retratos. Bernard pintó “Autorretrato con retrato de Gauguin”, pues incluía a su amigo en él; Gauguin, por su parte, pintó “Los Miserables”, también conocido como “Autorretrato con retrato de Bernard”, pues también lo incluía como fondo en un cuadro en el que él actuaba como alter ego de Jean Valjean, protagonista de la célebre novela de Víctor Hugo; Van Gogh se sumó, dedicando su sobrio autorretrato a Paul Gauguin. La amistad parecía estar sellada. Sin embargo, en poco tiempo comprenderían que formar esa colonia artística era solo una utopía.

De pintarse a no verse en pintura

Hay situaciones que terminan costándole a la gente, metafóricamente hablando, “un ojo de la cara”. La amistad con Gauguin le costó a Van Gogh, literalmente, una oreja. Su convivencia en la histórica casa amarilla de Arlés se extendió durante 63 días desde fines de octubre hasta fines de diciembre de 1888.

Desde su estancia en París, en marzo de 1886, el alcoholismo de Van Gogh se fue agudizando y afectó seriamente su carácter, hasta llevarlo a la reclusión temporal en el sanatorio mental de Saint Remy de Mousola, en Mayo de 1889. Aunque en nuestra historia aún falta un poco para eso. “El Dr. Rey - quien lo atendía en Arlés- dice que en lugar de comer bastante y regularmente, me he sostenido, sobre todo, con café y alcohol. Admito todo esto, pero ¿Quedará como cierto que por conseguir la alta nota amarilla que he logrado este verano, me ha sido necesario empinar el codo?”, le escribió en 1888 a su hermano Theo, considerando la posibilidad de que el abuso de alcohol haya influido en el color de cuadros suyos, como los famosos girasoles que pintó durante aquel año.

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Como dijimos, Gauguin y Van Gogh se habían conocido en Paris en 1887. Gauguin recién volvía del Caribe. Había pintado en Martinica unos cuadros que fascinaron a Van Gogh, que le ofreció dos cuadros de girasoles por uno suyo. Poco tiempo después, Gauguin se iría a Bretaña y Van Gogh aprovecharía el cálido sol de Provenza para seguir pintando al aire libre. Se instaló en Arlés y mantuvo correspondencia con Gauguin, que llegó en la última semana de octubre de 1888. El holandés había decorado la casa y había habilitado una habitación especial para recibir a su amigo. Campos, cafés y gente del lugar son pintados por ambos artistas según su propia interpretación. Aunque el antagonismo en sus gustos se va sintiendo, las diferencias se agudizan cuando el mal clima los hace permanecer casi encerrados desde las últimas semanas de noviembre. Tanto esta etapa como la de las salidas nocturnas, sus largas conversaciones, sus desacuerdos y las álgidas peleas serían retratados en Sed de vivir, la película de 1956 que tuvo como protagonistas a Kirk Douglas (Van Gogh) y a Anthony Quinn (Gauguin), como parte del éxtasis de una creación artística desaforada, en la que el color parecía usarse en el lienzo como en la vida. El cuadro “Van Gogh pintando girasoles”, de Gauguin, pertenece a esta etapa final de la convivencia.

El momento más grave y violento de esta amistad tormentosa tuvo lugar el 23 de diciembre de 1888, previo a la Nochebuena que no sería ni noche de paz ni noche de amor. Tras amenazar a Gauguin con una navaja, Van Gogh la usaría contra sí mismo, cortándose parte de la oreja, que luego entregaría a la trabajadora de uno de los burdeles de la Rue du Bout en Arlés que frecuentaban ambos. Muchas fuentes actuales aseguran que pudo ser el mismo Gauguin quien se la cortó en medio de la lucha. Aunque el amigo francés saldría disparado de la casa y Van Gogh ingresaría momentáneamente al hospital de Arlés, su amistad no terminó allí. A pesar de que no volvieron a verse, se siguieron escribiendo, mostraron siempre respeto por el trabajo del otro y, finalmente, años después de la muerte de Van Gogh, iniciado el siglo XX y establecido en la Polinesia, Gauguin pintó unos girasoles en recuerdo de su amigo. El mismo amigo amado y odiado que, en la carta a Emile Bernard recientemente subastada, dice sobre él: “una criatura inalterada con los instintos de una bestia salvaje. Con Gauguin, la sangre y el sexo tienen la ventaja sobre la ambición”.

¿Amigos o rivales?

En el Perú, dos ejemplos de enfrentamientos entre prominentes figuras locales.

Alicia Maguiña vs. Chabuca Granda

La primera vez que cantó ante Chabuca, Alicia sintió su soberbia”, nos cuenta el escritor Luis Rodríguez Pastor, conocedor de este tipo de anécdotas. “Graciosita la chica” dijo Chabuca sobre ella, lo que a Maguiña le pareció despectivo, a pesar de que cantó un tema propio (“Inocente amor”) y uno de la autora de “La flor de la canela”. Más tarde le “dedica” la marinera “Dale, toma” (“Cántame marineras/ No tonterías (toma, toma, toma)/ A tu edad me parece/ Que ya podrías /dale / dale/dale”), un punzante desafío artístico.

Ricardo Palma vs. Gonzáles Prada

Dos nombres influyentes y decisivos en la historia de la literatura peruana. Dos hombres que fueron responsables de la Biblioteca Nacional. Dos visiones distintas del Perú, su sociedad o su cultura. Pertenecía Prada al Círculo Literario, opuesto al Club Literario, que encabezaba Palma. Rivalidades de un país que leía, pero no las últimas: cuando en 1912 Gonzáles Prada asumió la biblioteca en reemplazo del renunciante Palma, denunció haber encontrado una situación calamitosa en archivos, libros y cuentas. Palma, como respuesta, lo llamó “Catón de alquiler”.

Las cartas más caras en subasta

  • Carta de Mao Zedong, líder del Partido Comunista Chino, a Clement Attlee, líder del Partido Laborista inglés (1937) - 910.880 dólares
  • Carta de Lu Xun, uno de los escritores chinos más importantes del siglo XX, dirigida al editor Tao Kangde (1934). Es uno de los raros ejemplos de la caligrafía de su autor. -1 millón de dólares
  • Carta del activista por los derechos civiles Malcolm X luego de su viaje a la Meca (1964). Firma como El-Hajj Malik El-Shabazz, su nombre musulmán. – 1.25 millones de dólares
  • Carta del ex presidente norteamericano Thomas Jefferson al geólogo y explorador francés Barthélemy Faujas de Saint-Fond (1804) – 1.44 millones de dólares.
  • Carta del científico Albert Einstein al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt (1939). Es considerada una de las cartas más importantes del siglo XX, pues Einstein alerta sobre los peligros de que la Alemania nazi desarrolle armas basadas en uranio. Condujo al Proyecto Manhattan y al desarrollo de las primeras armas nucleares. - 2.1 millones de dólares.
  • Carta del erudito e historiador chino Zeng Gong a un amigo, a quien le expresa su insatisfacción por los resultados de su labor política (1080) - 32 millones de dólares.

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