Nadie duda que el desarrollo y progreso de una sociedad democrática pasa por la educación de sus habitantes. Educando Ciudadanos para el Perú que queremos fue el título de CADE Educación de este año, reflexionamos sobre cómo a través de la escuela se puede educar a los alumnos para que empiecen tomando conciencia de lo que es vivir en sociedad, colaboren con iniciativas que impacten fuera de los muros del colegio y sean capaces de plantear, promover e involucrarse en solucionar algún problema de su comunidad.
Si queremos forjar una sociedad democrática, justa, segura, donde todos trabajemos por el bien común debemos comenzar por las bases. Entender que la escuela será el segundo hogar cuando la familia sea la primera escuela. Las exigencias actuales del estilo de vida a llevado a que en la escuela se tengan que enseñar aspectos que se aprendían en casa: modales al comer, hábitos de higiene, a comer de todo y no solamente lo que nos gusta, a saludar, a agradecer, a esperar nuestro turno.
En esta fecha tan especial donde rendimos homenaje a los maestros es preciso resaltar que lo que hacen día a día en el aula tiene una repercusión en la felicidad de sus alumnos, de las familias que formen más adelante y de la sociedad. Es el maestro el corazón de la escuela, quien con su aprecio y preocupación hacia sus alumnos va enseñándoles a vivir en esa pequeña sociedad que es el aula, donde un niño va aprendiendo a convivir con los demás, a comprender distintos caracteres y gustos, a respetar y cuidar el orden y limpieza del salón, los patios y los baños, a proponer con respeto su punto de vista, a participar en las actividades escolares, a respetar las cosas de los demás, a pedir por favor, a agradecer.
Estos últimos años hemos visto con preocupación cómo la actividad educativa no solo tiene poco prestigio social, sino que se está convirtiendo en una de las profesiones más riesgosas. La sobrerregulación normativa de la actividad docente lleva a que cualquier discrepancia, por mínima que sea, pueda ser ocasión de denuncia hacia los colegios y hacia el maestro. Este alto riesgo hace que se inhiba de corregir o poner orden en clase y se limite solamente a instruir, perdiéndose el niño lo más valioso que un maestro puede brindar.
Es preciso proteger el rol educativo del maestro, y no dejarlo solamente con el rol instructivo. No se educa si no se puede corregir, o si familia y colegio no están alineados en los mismos objetivos. Un maestro podrá educar solamente en la medida en que sea un prolongación de la autoridad de la familia.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.