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Indecopi, desechos y girasoles
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Indecopi, desechos y girasoles

Indecopi, desechos y girasoles

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“Este suelo es malo para cierta clase de flores. No nutre ciertas simientes, no rinde determinados frutos, y cuando la tierra mata por propia voluntad, nosotros nos conformamos y decimos que la víctima no tenía derecho a vivir. Nos equivocamos, por supuesto, pero no importa. Ya es demasiado tarde. O al menos en el extrarradio de mi ciudad, entre los desechos urbanos y los girasoles, sí es demasiado, demasiado, demasiado tarde”.

Esta cita proviene del párrafo con el que concluye la novela “Ojos azules”, escrita por Toni Morrison en 1970. Ambos tuvimos el privilegio de leerla cuando cursábamos la secundaria. Ambos atesoramos punzantes recuerdos de dónde estábamos sentados cuando leímos pasajes como este, y recordamos con lealtad a los profesores que mediaron acaloradas discusiones sobre su significado.

Morrison recibió el premio Nobel de Literatura en 1993 y es considerada una de las plumas más formidables de la literatura contemporánea, ya que su obra expuso en desgarradora prosa los horrores más abismales del racismo, la desigualdad, la ignorancia y la violencia.

Un ejemplar de “Ojos azules” se encontraba hasta hace pocos días en la biblioteca del colegio Roosevelt. Su presencia, junto con una veintena de libros de una lista heterogénea sesgada principalmente contra el contenido LGTBQ+, originó la multa de S/140.000 que Indecopi impuso al colegio al declarar fundada en primera instancia la denuncia de una organización civil que lo acusó de facilitar el acceso de los estudiantes a libros “con contenido totalmente inadecuado para ellos, pues contendrían temas de índole sexual, abuso de sustancias, entre otros”. Desde la invención de la imprenta, la censura de libros ha sido una constante en los episodios más nefastos de la historia, enarbolada por regímenes tan putrefactos como los nazis y talibanes, y siempre escudada en la represión, brutalidad y extremismo.

Si una novela como “Ojos azules” debe ser censurada de las bibliotecas escolares por su contenido de violencia, sexualidad e incesto, ¿no debería censurarse también una obra maestra como “La ciudad y los perros”, donde la prostitución e incluso zoofilia aparecen en la vida de los cadetes del Colegio Militar Leoncio Prado? ¿No deberían prohibirse prácticamente todas las novelas del único peruano galardonado con el premio Nobel, quien hoy forma parte del panteón de las leyendas literarias precisamente por su defensa de la libertad y la cultura, y quien, por cierto, tuvo la humildad de concederle una emotiva entrevista a nuestra pequeña editorial, durante la pandemia, sobre la importancia de inculcar hábitos de lectura a los niños peruanos?

El más básico sentido común advierte que esta resolución de Indecopi abre las puertas para que miles de joyas de la literatura sean prohibidas arbitrariamente en bibliotecas escolares, municipales y comunales. Pero, desafortunadamente, el más básico sentido común no primó esta vez en Indecopi, una institución que suele destacar por su profesionalismo y que, para muchos de nosotros, ha encarnado una nueva generación de servicios del más alto nivel para los ciudadanos peruanos. No es demasiado tarde para el Perú. No debemos conformarnos jamás si nuestra tierra no logra nutrir a tan solo uno de sus excepcionales frutos. Siguen brotando de nuestro suelo los más resplandecientes girasoles. No es tarde, Perú. No es tarde. Amigos del Indecopi: no es tarde.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Adriana Roca y Nicolás Rodríguez son cofundadores de Ediciones Pichoncito