Según Elon Musk, “EE.UU. es una burocracia y no una democracia, la democracia ya no la manejan las autoridades electas, sino una legión de empleados públicos que actúan sin mayor control. El enorme tamaño de la administración federal es una amenaza para la democracia, porque deposita el poder en manos de burócratas no elegidos y ajenos al control ciudadano”. Su apreciación está basada en que casi el 15% de la fuerza laboral estadounidense pertenece al sector público.
Un nuevo populista como Musk no pudo haber encontrado mejor figura para converger odios y temores ciudadanos y edificar un enemigo común. El fracaso de la democracia, entonces, está en manos de burócratas. Ellos no están ocultos en sus torres de marfil, sino a la vuelta de la esquina. Es un enemigo que le enseña a tu hijo en la escuela, que te evacúa después de un tornado o te cobra un impuesto. No es la ideología extremista o la desigualdad plutocrática lo que corroe al poder popular, sino el empleado al otro lado de la ventanilla, aquel que te hace esperar, perder el tiempo o dinero. Además, muchas veces es un déspota. Lo que no quiere contemplar Musk es que los países con los niveles más altos de vida y mejor calidad de servicio también son los que tienen las burocracias más voluminosas, por ejemplo, los países de la OCDE tienen un promedio de 21,5% de su fuerza laboral en el sector público, mientras que EE.UU. tiene entre 13% y 17%.
Contrario a lo indicado por el billonario, el empleo estatal, por lo menos en EE.UU., fue creciendo justo como resultado de intentos políticos de proteger al ciudadano de “a pie” de la oligarquía industrial-financiera y arrancarle el poder a los jefes y máquinas políticas partidarias que monopolizaban el poder político, controlaban el financiamiento de las campañas y la influencia a través de la concesión de favores para organizar el patrocinio público.
Los nuevos derechos conquistados en la evolución de la democracia obligaron a crear cuadros que pudieran dar vías que permitieran protegerlos y ejercerlos. En otras palabras, se necesitaban más maestros, médicos y abogados que permitieran el desarrollo de los derechos laborales, sociales e identitarios. Esto no significa que no se hayan cometido muchos excesos en el empleo público y que derivaran en oligarquías, sino que el empleo público ha sido en las democracias establecidas uno de los medios principales para la materialización de la democracia. Contrario a lo que dice Musk, debilitar el sector podría incrementar la distancia entre las clases sociales y las vulnerabilidades. Recomiendo que Elon Musk se dedique más a naves espaciales y que deje el análisis social a los que tenemos los pies y la cabeza bien puesta en la Tierra.
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