Los peruanos sabemos que vivimos en un país desigual, pero cada vez parece molestarnos menos. Según la Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades (Enades 2026), elaborada por Oxfam y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), el 72% considera que el Perú es muy o algo desigual económicamente. Sin embargo, en los últimos dos años, quienes califican esa desigualdad como inaceptable pasaron del 51% al 38%.
A la vez, la encuesta muestra una percepción más favorable de la situación económica personal y expectativas positivas sobre la movilidad social (medición de desigualdad). El 66% considera que vive mejor que sus padres a la misma edad, y cerca de 8 de cada 10 confían en que sus hijos estarán mejor económicamente que ellos cuando tengan su edad.
El politólogo Alberto Vergara plantea dos explicaciones para esta aparente contradicción. En una reciente entrevista con Ojo Público, señala que la mejora en la percepción económica personal se asociaría a tener una menor condena de la desigualdad. Pero también identifica una tendencia más individualista, que atribuye el éxito al esfuerzo y el talento. Esta perspectiva hace pasar a segundo plano que buena parte de las desigualdades responden a condiciones estructurales.
El esfuerzo individual importa: emprender, trabajar y aprovechar oportunidades impulsa el progreso económico. Pero el mérito no surge en el vacío. Dos jóvenes con igual talento pueden tener destinos distintos si uno accede a una buena educación, atención médica, información y contactos, mientras el otro enfrenta carencias desde la infancia. Reconocerlo permite entender qué condiciones generan resultados, porque una sociedad meritocrática busca que el lugar de nacimiento no limite cuánto podemos alcanzar.
En la Enades 2026, el 72% percibe un acceso muy desigual a la justicia, el 63% a la salud y el 48% a la educación. Sin embargo, el 46% considera que no todos tienen las mismas oportunidades para salir de la pobreza, una percepción que convive con las expectativas positivas de movilidad social. Aunque estas cifras son percepciones y no mediciones directas de la cobertura o la calidad de los servicios, muestran que los peruanos reconocemos importantes brechas de oportunidades. En ese contexto, resulta coherente que el 68% respalde la aplicación de políticas públicas para reducir las diferencias de ingresos.
Otra dimensión clave es la desigualdad política: el 84% cree que los grupos poderosos gobiernan en beneficio propio y solo el 27% siente que puede influir en las decisiones nacionales. Vergara advierte que la desigualdad económica y política pueden reforzarse mutuamente: aquellos con menos recursos también tienen menos oportunidades de ser escuchados, mientras que las decisiones públicas pueden favorecer a quienes ya tienen influencia.
Este es el escenario que enfrenta el gobierno de Keiko Fujimori. La Enades, realizada antes de las últimas elecciones generales, confirma que la ciudadanía desconfía de la distribución del poder. Y Vergara es muy crítico con la capacidad de la nueva administración para cambiar esa realidad. Sostiene que Fujimori representa la continuidad de una forma de hacer política basada en el intercambio de favores y en la negociación de intereses particulares. Mientras su padre transformó profundamente el país, afirma, ella representa el statu quo. Y mantener el statu quo institucional significa permitir que los problemas se agraven. Si las instituciones y la política no cambian, continuará el deterioro social, económico y de la seguridad.
El gobierno tiene la oportunidad de demostrar que su capacidad para construir acuerdos políticos también puede servir para impulsar reformas que amplíen las oportunidades, mejoren los servicios públicos y reduzcan la influencia de intereses particulares en las decisiones del Estado. Pero si, en cambio, esas negociaciones sirven para preservar los equilibrios de poder actuales, difícilmente recuperará la confianza ciudadana.
Hoy, al riesgo de que los peruanos nos acostumbremos a la desigualdad, se le suma el que quienes gobiernan no trabajen para combatirla.
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