La semana pasada, Anthropic publicó su estudio “How Employment Is Changing at Anthropic”. Este artículo propone que los humanos somos cuellos de botella para los agentes de inteligencia artificial. Según Anthropic, los agentes son seis veces más productivos que los humanos. Concluye también que el trabajo humano va a evolucionar hacia “revisar el ‘output’ del agente”. Es decir, los empleados al servicio del agente.
Me pregunto entonces: ¿para qué Anthropic publicaría una “pieza de investigación” que plantee este cambio? Mi primer instinto fue que su objetivo era el desarrollo académico en materia de investigación de la interacción entre humanos y tecnología. Tras mayor consideración, mi hipótesis es otra. Este artículo posiciona como viable y legítima una dinámica de trabajo en la que la productividad del agente de IA justifica un impacto más negativo sobre los humanos.
Se preguntarán: ¿posicionar? Ni que fuera un producto o un servicio. Pero el posicionamiento, en este caso mediante ‘thought leadership’, legitima esta dinámica. La nueva generación de empresas de tecnología tiene un gusto particular por este canal de comunicación. Y, claro, si este nuevo modelo funciona en Anthropic, ¿por qué no podría funcionar en otras empresas?
En márketing B2B es común usar estas piezas de “investigación corporativa” o ‘thought leadership’ para captar clientes potenciales. Sin embargo, los grandes jugadores en materia de IA las usan de forma distinta. Una de las más comunes es para contrastar mensajes disonantes.
Un ejemplo clásico es OpenAI, que en artículos como “How AI Is Expanding What People Do at Work” plantea un enfoque centrado en capacitar a las personas para salvar sus trabajos. Pero, semanas antes, Sam Altman, su CEO, compartió en el BlackRock Infrastructure Summit 2026 que la transición hacia una economía impulsada por la IA será dolorosa, al imponer costos significativos a corto plazo a las personas cuyos empleos y medios de vida se vean alterados.
Anthropic no es ajena a esta dinámica. Tan simple como observar que, en el artículo que revisamos anteriormente, habla de personas reasignadas a otros puestos (redeployed) y capacitadas para nuevas funciones (reskilled). Mientras que, en su propuesta de oferta pública inicial de acciones ordinarias de clase A, menciona explícitamente que, a medida que los agentes ganan autonomía, pueden actuar de formas no previstas, eludir mecanismos de control y generar daños que sus salvaguardas no logren prevenir.
¿Entonces qué queremos hacer? Nos están presentando como viable una dinámica laboral donde nosotros, los humanos, tenemos que adaptarnos a la inteligencia artificial, al ser categorizados como “cuellos de botella” o poco productivos.
Lo cierto es que nadie le quita mérito a cómo el uso de agentes puede ayudar a pequeños negocios a optimizar sus procesos y a empresas medianas y grandes a potenciar la innovación empresarial. Pero lo que propone Anthropic es una reestructuración de las dinámicas laborales y desplazamiento de miles de trabajadores bajo el argumento de la productividad. Es una propuesta astuta, no cabe duda. Apela a que el lector valide la idea de que una baja productividad justifica despedir o reubicar a alguien.
Sin embargo, al navegar el futuro del trabajo es importante dar siempre un paso atrás. Porque la comparación cambia. Ese argumento tenía lógica cuando se comparaba a un humano con otro humano, o humano aumentando sus capacidades con otra tecnología. Anthropic plantea ahora otra opción: la productividad se mide en comparación con la del agente.
Una cuestión es clara. El mercado está señalizando un interés en legitimar estas prácticas: primero la IA, después el desplazamiento del humano. ¿Vamos a aceptarlo? La responsabilidad es nuestra, y es el momento de hacer esfuerzos concertados para revalorizar lo humano, productividad incluida.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.