Es 19 de marzo del 2021. Aquel día Pedro Castillo en lomo de caballo y entre vítores entra a Chumbivilcas. Semanas después y en segunda vuelta, aquella provincia -villa fundada por dominicos en honor al aristotélico Santo Tomás de Aquino- votaría al 98% a favor de Castillo contra Keiko. Chumbivilcas hoy recibe millones de soles por canon minero y algo gana de canon gasífero; sin embargo, en algunos de sus distritos mineros como Velille o Quiñota la incidencia de anemia en niños menores de cinco años supera el 40%. Hay canon (minero, gasífero) pero la anemia (responsabilidad estatal) sigue allí. La “esquizofrenia estatal”, si cabe el término.
Pero ese 19 de marzo del 2021 Castillo rompe el sur a su favor mientras un Lescano se creía en segunda vuelta y una Verónika -la candidata de la mesocracia zurda- dedicaba buena parte de sus entrevistas al matrimonio gay/igualitario, la adopción de menores o a temas como el aborto. Días antes -fines de febrero- preguntado por el entonces periodista Jaime Chincha, Castillo dijo que no estaba a favor ni de la legalización de la marihuana, del aborto o el llamado matrimonio gay. “Es usted conservador, entonces”, le dijo Chincha. “Llámeme como quiera” le espetó el profesor al quien -en su día- se atrevieron a llamarle “Amauta” hasta que sucedió lo de la fallida historia del pollo. Sí señores, Castillo representó la sociología popular, emergente y nacional que es conservadora (no conservadora política -como suele decirse desde la flojera intelectual- sino sociológica)
El voto etario castillista fue la del mundo rural. Ese que hoy representa el 21% alrededor del actual universo de electores. Pero también fue de los profesores. De acuerdo a los datos del Sutep hay aproximadamente 521 mil profesores y muchos de ellos -sino la mayoría- aquel abril del 2021 votaron por Castillo y marcaron el lápiz. El comunismo es una ideología de profesores y periodistas; pero -estoy seguro- que aquí el voto de los profesores no fue ideológico sino cercano. Un voto afín. Un voto de profesor a profesor.
Hoy esos dos grupos de votantes están sin dirección electoral ni decisión por convicción. En apariencia, Roberto Sánchez -quien crece lento, pero crece en las encuestas- sería la representación electoral y política del mundo rural y de los profesores, a la que en su día fue Castillo. El profesor -en el mundo rural- es la autoridad, el orden, el respeto. Pero también es la política de cerca. Es la ideología. De fondo (y quizá esa sea la aproximación con mayor fortaleza) la disputa electoral y política actual esté en quién de todos los candidatos representa mejor a ese mundo emergente, popular y conservador.
Entonces, ¿Sánchez es el nuevo Castillo? No. Y me atrevo a decir a costa de la equivocación. De hecho, es tan mal candidato que ha tenido que traer a Castillo y repetir lo del sombrero en lugar de construir una imagen propia y ampliar la izquierda hacia la representación popular y emergente. Nadie ha reparado pero el costo de un sombrero en Bambamarca empieza por encima de los S/250. Es estatus pero también prestigio. No hay sombreros de izquierda ni de derecha. Allí una de las primeras limitaciones de Sánchez. Es una versión “cosplay” de Castillo. La otra limitación es que los candidatos de izquierda (más allá del centro) no van a dejarse avasallar por un candidato que toma la representación social y electoral de Castillo pero que no es Castillo. Atencio ya tomó nota. Cerrón también. Noblecilla, el lado izquierdo de Podemos, ha llamado “traidor” a todos los ex castillistas, incluido Sánchez.
¿Castillo fue parte de las consecuencias de aquella traumática pandemia? Si. Claro que sí. Y aunque ahora no tengamos “cisnes negros” de la dimensión de una pandemia -que dejó en la lona a la economía y generó huecos en el tejido social- tenemos novedades coyunturales. La mal llamada crisis del gas, el regreso del “amigo chileno” con la política del escudo fronterizo o el embajador norteamericano que entra a los debates nacionales amparado en una lucha geopolítica con China, uno de los principales socios comerciales del Perú. Aún faltan semanas para las elecciones y estos temas van a incidir en la agenda electoral.
Pero todo indica que quienes pasen a la segunda vuelta serán quienes representen ya no solo a quienes están empoderados de su voto sino a ese mundo rural, de profesores y de clases medias emergentes y populares.
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