Vargas Llosa: entre la pluma y la espada

Nuestro más grande novelista será recordado también como alguien que batalló por sus ideas, muchas veces contra la corriente.

    Editorial El Comercio
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    (Foto de Emmanuel DUNAND / AFP)
    (Foto de Emmanuel DUNAND / AFP)

    Mario Vargas Llosa quiso desde muy joven llegar a ser un gran escritor y vaya que lo consiguió. Sus novelas, sus relatos, sus piezas teatrales, sus ensayos y sus artículos periodísticos conforman un cuerpo de trabajo apreciado universalmente, cuyo reconocimiento selló la obtención del Premio Nobel de Literatura en el 2010. De todas esas formas de expresarse a través de la escritura, sin embargo, no cabe duda de que, en su caso, la más importante fue la novela. Desde “La ciudad y los perros” (1963) hasta “Le dedico mi silencio” (2023), Vargas Llosa construyó una obra sólida, personal y fundamental para la comprensión de nuestro país y nuestro continente. Y existe un consenso bastante difundido –respaldado, en alguna medida por ocasionales observaciones suyas– de que “Conversación en La Catedral” (1969) y “La guerra del fin del mundo” (1981) fueron las dos más logradas, textos imprescindibles en cualquier antología de la literatura castellana y mundial.

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