Esta semana, durante el IX Encuentro de Periodismo de Investigación Europa-Latinoamérica, realizado en San Isidro, varios expertos incidieron en un aspecto de la campaña política que está pasando desapercibido: que esta se desarrolla en medio de una atmósfera hostil para la prensa. Por supuesto, esto no significa que el calendario electoral haya propiciado este ambiente, sino que más bien coincide con una degradación de la libertad de expresión en nuestro país que tiene entre sus principales causas –pero no las únicas– a la crisis política y al crecimiento del crimen organizado en el último quinquenio.
Como recordó Zuliana Lainez, presidenta de la Asociación Nacional de Periodistas (ANP), durante su intervención en el encuentro, el año pasado la organización que preside registró 458 ataques contra periodistas en nuestro país; la cifra más alta en las últimas tres décadas. En la lista se cuentan episodios de todo tipo –desde acoso en las redes sociales hasta llamadas extorsivas–, pero los más alarmantes, sin duda, son los asesinatos de cuatro colegas: Gastón Medina (Ica), Raúl Celis (Loreto), Fernando Núñez (La Libertad) y Mitzar Callejos (Ucayali). Crímenes cuyas circunstancias continúan sin esclarecerse y que revelan que nuestro país, como mencionó Rodrigo Salazar, director ejecutivo del Consejo de la Prensa Peruana (CPP), ha pasado de periodistas enjuiciados a asesinados. De hecho, el CPP emite informes mensuales que retratan la situación de la libertad de expresión en el país y ponen en evidencia sus principales problemas. A partir de estos reportes, se elabora el informe anual que se presenta ante la Sociedad Interamericana de Prensa.
Es en este contexto de violencia hacia la prensa que el país celebrará este año tanto elecciones generales como subnacionales, una circunstancia que motivará el despliegue de los medios de prensa por todo el territorio nacional para cubrir dos procesos electorales que serán sumamente complejos, especialmente por la cantidad de partidos y candidatos en disputa. Además, como explicó en el mencionado evento Adriana León, del Instituto Prensa y Sociedad, “la criminalidad organizada está financiando campañas” y buscará evitar que el periodismo arroje luz sobre quiénes son sus candidatos.
Lo más alarmante, sin embargo, es que el asedio a la prensa no solo proviene desde el crimen organizado, sino también desde quienes, en teoría, deberían defenderla. En los últimos cinco años, hemos visto presidentes, congresistas, jueces, fiscales y policías incapaces de entender la naturaleza del trabajo periodístico o tratando activamente de limitarlo. Como consecuencia, tenemos ahora una retahíla de candidatos a distintos cargos acosando e insultando a periodistas con total impunidad.
Lo hemos dicho antes, pero conviene recordarlo: la labor periodística es una condición sine qua non para cualquier democracia. Con periodistas perseguidos o autocensurándose por miedo, lo que tendremos serán unas campañas electorales a ciegas, donde los electores no podrán contar con información sobre los postulantes, sus antecedentes o sus financistas. Será como votar con los ojos vendados. Como muchos enemigos de la democracia quisieran.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.