En polvo, en sombra, en nada

La última transformación de Roberto Sánchez.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

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    Resumen

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    Ilustración: Composición GEC
    Ilustración: Composición GEC

    Roberto Sánchez ha sido o ha querido ser muchas cosas a lo largo de esta campaña. Extemporáneo reservista de Antauro en el sanguinario Andahuaylazo, portapliegos del fiscal alunado en la resaca del caso “Cócteles”, monaguillo de una fe incierta que pasa la canasta de la colecta varias veces durante una sola misa, rudo licenciador de Julio Velarde del BCR, diputado por Lima, panetón… En todas ellas fracasó, como es obvio. Pero eso no habría importado si el éxito le hubiera sonreído en la más audaz de sus apuestas: la de hacer de perchero. Esto es, de pieza de mobiliario que sirve para colocar sobre ella un sombrero. El candidato de Juntos por el Perú, en efecto, procuró construir una identidad política encajándose sobre la testa entintada un chambergo chotano como el que solía usar Pedro Castillo hasta que dio su golpe chapucero (y tuvo que sacárselo para pasar por la estrecha puerta que conduce a todo calabozo).

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